Comandante Manu Chao

Publicado: 9 diciembre 2008 en Juan Pablo Meneses
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Día 1. Mañana. Ramblas. Barcelona.

Manu Chao habla con voz de payaso. Es lo primero que me llama la atención al topármelo en directo. “No estoy dando entrevistas, lo siento”, me dice su voz de sonsonete circense. Es una voz gruesa, atrofiada, típica de los payasos cuando están bajo el escenario, pero esta vez de civil, sin maquillaje ni nariz gigantona. La gente de circo, acostumbrada por años a gritar chistes forzando al máximo su garganta, acaba por heredar este timbre para su vida diaria. “Lo siento, pero no puedo ayudarte”, repite, como el mono de un ventrílocuo. Estoy en Ramblas, el paseo peatonal emblemático de Barcelona. Me he tropezado con Manu Chao de casualidad, mientras él pasea en su bicicleta azul y yo camino hacia el mar. Hace días que andaba buscándolo y el azar ha querido que encuentre aquí al francés ex líder de Mano Negra, al tipo cuarentón que recorre los escenarios del mundo vestido de niño. A Manu Chao, el cabecilla informal de los jóvenes europeos que luchan contra la globalización económica del mundo, el divertido cantante de “Me gusta marihuana, me gustas tú”, la superestrella de vida sencilla, amable, contestataria y solidaria. “Deberá ser otro día, hermano”, y en eso, de la nada, aparece un gordo y maceteado amigo de Manu, tal vez un ex boxeador que se cruza de brazos entre yo y el cantante hasta que la estrella desaparece, humildemente, pedaleando Ramblas abajo.

Día 2. Noche. Barrio Gótico, Barcelona.

Estoy en la Plaza George Orwell del Barrio Gótico. A la plazoleta se le conoce como la Plaza de Trippy, por la desinhibida venta de trip (una suerte de éxtasis barato y molido que se jala) entre quienes deambulan por el lugar: varios europeos descuidadamente hippies y un montón de sudamericanos ovejas negras dentro de sus buenas y blancas familias. Este es el barrio de Manu Chao. Desde el principio supuse que escribir sobre él resultaría una paradoja. Estoy en un bar de la plaza Orwell, con banderas jamaiquinas en el techo, un disco de Mano Negra rotando a volumen fuerte y bebiendo de una cerveza barata y de poco gas. En sus últimos dos discos, ha vendido casi diez millones de copias en todo el mundo. En promedio –me sopla un amigo infiltrado en la industria– el músico recibe un dólar por cada venta (sin contar los derechos de autor, que duplican o triplican las ganancias). Es decir: Manu Chao es millonario. Y en dólares. Fito Páez, aquel arribista rockero argentino, lo critica diciendo que Chao vive como pobre siendo millonario. Él, Páez, vive como millonario siendo pobre. ¿Qué es peor?

Día 3. Tarde. Metro. Sarriá

Próxima estación, Sarriá, suena por los parlantes del metro interurbano de Cataluña. Hace unos días Manu Chao actuó gratis en Barcelona, delante de unos doscientos mil jóvenes antiglobalización que protestaban por la cumbre de líderes europeos hecha en la ciudad. Fue una semana de palos policiales y barricadas en las calles que terminó festivamente con la actuación de Manu y su banda, Radio Bemba. No es la primera ni será la última vez que Chao aparece en el momento justo y a la hora indicada. Ya lo hizo en México, en la Plaza del Zócalo, frente a las ciento cincuenta mil personas que esperaban el arribo de la caravana del Subcomandante Marcos. También estuvo en Génova, en julio de 2001, para apoyar otra vez la causa de la antiglobalización durante la cumbre del G-8. Por eso, muchos lo consideran el líder de un movimiento que en Europa no es pequeño ni tranquilo, pero que en Latinoamérica suena lejano y ridículo. “Que los jóvenes gringos reciban palos por nosotros me parece extraño”, me dice John Machuca, un ecuatoriano que barre calles y comparte asiento conmigo en el metro. Entonces me pregunto: ¿Hay algo más políticamente correcto que estar en contra de la globalización? ¿Hay algo más políticamente correcto que ser joven y luchar por un mundo mejor y más justo? ¿Existe algo más políticamente correcto que Manu Chao?

Día 4. Madrugada. EasyInternet Café. Barcelona.

Son las dos de la mañana y, en el EasyInternet Café, la globalización esta a full. Sudamericanos, marroquíes, alemanas, chinos, gringos, españoles, todos chateando al mismo tiempo. Respondiendo e-mails, mirando a sus familias por webcam, buscando novia, escuchando discos en MP3, encargando los papeles para dejar de ser ilegal. Después de varios meses, recibo un e-mail de mi padre. En su carta electrónica, me dice, sobre todo, lo buen deportista que él sí es. Pero Manu Chao no compite con su padre. Ellos sí que son grandes amigos. Ramón Chao, padre de Manu, es un periodista gallego emigrado a Francia y que trabaja para Radio France Internationale. Anda orgulloso de su hijo, al punto que se presenta como “el padre más célebre del mundo”. Incluso más: en 1993, Ramón Chao acompañó a Manu y a toda la troupe de Mano Negra a una gira en tren por el interior de Colombia, en mitad de la guerra, desde donde el padre de Manu regresó con un libro bajo el brazo: Un tren de hielo y de fuego. Ramón Chao se transformó en éxito de ventas, y su libro viajero se tradujo a varios idiomas. Manu Chao, su padre y los músicos de Mano Negra, en tren por Colombia es una imagen que me lleva a pensar en Bono, el carismático dueño de U2. Hace un año los irlandeses presentaron en Barcelona su reciente disco, Evolution, donde, según Bono, la banda retomaba su discurso de alto contenido social y político. Luego de esta militante actuación, Bono subió a su jet privado y voló hasta Ibiza. Del aeropuerto isleño, donde lo recogió un lujoso automóvil, se fue derecho al salón VIP de Pachá, la más glamorosa discoteca de Ibiza. Lo recuerdo perfectamente porque esa noche, y por cosas de trabajo que no vale la pena explicar, esa noche yo también estaba en el VIP de Pachá. Y ahí estaba Bono, el comprometido, deslumbrado con las modelos y los halagos como el muchacho que nunca ha dejado de ser: un adolescente de barrio popular irlandés que sueña con dejar la barriada y llegar a lo más alto. Bono vive en un castillo y Manu en un piso de un barrio malo. Por supuesto, Manu nunca fue pobre. Dice que tocó guitarra en las calles y en el metro de París, pero creció en un ambiente de exquisita intelectualidad izquierdista. Su padre cobijó a los más connotados exiliados latinoamericanos en sus casas de París y Barcelona. Desde niño, Manu supo que el dinero por sí sólo era demasiado barato. Y entendió, o le enseñaron, que luchar por causas perdidas era más respetable entre sus pares que perseguir millones. El poder de la influencia (que a veces llega acompañado de un cerro de dólares) por encima de la mera contundencia mercantil. Ambiente intelectual, finalmente. “Yo apoyo al EZLN, a los zapatistas”, declaró hace un tiempo, “por eso, se creen que yo apoyo a cualquier guerrilla de Hispanoamérica. Es todo lo contrario, ni de coña. Voy a Colombia y no entiendo nada. No me llega un mensaje claro como el de Chiapas. Voy al Perú y ¿Sendero Luminoso? No, gracias”. ¿Entendió?

Día 4. Mediodía. Interior de una habitación. Barcelona.

Hoy despierto con ganas de ser Manu Chao: ir de aquí para allá, abrazar causas tan nobles como globales y estar rodeado de amigos simpáticos y musicales con sólo pisar los aeropuertos. Volver luego a este primer mundo asqueroso y criminal, y contar lo que está pasando en los cerros de Colombia y en las favelas de Brasil. Tener una novia de veinte años, ojos claros, cintura de tabla y grandes pechos. Tener un discurso vendedor, ser millonario, sencillo y que todos me encuentren la razón. No, ya no quiero ser Manu Chao: ser el líder natural de un rebaño conformado por jóvenes intelectuales europeos con sentido de culpa, y por otro puñado de latinoamericanos, de los sectores que sueñan ser progres. Saber que todos esperan de mí una frase célebre, una denuncia impactante, una vida ejemplar. Que se busca la consecuencia en cada uno de mis actos y que, sin notarlo, me he convertido en un funcionario del antisistema. Que en cada bar me ofrezcan cerveza, hachís, y que no pueda decir que no, porque me gusta la marihuana, me gustas tú.

Día 4. Tarde. Universidad Autónoma de Barcelona. Bellaterra.

En la UAB hay una manifestación en contra de la LOU (Ley Orgánica Universitaria), y en contra de quienes promueven el nuevo reglamento: el Partido Popular de Aznar. Las clases están suspendidas y en los patios universitarios se bebe cerveza y se escucha Manu Chao. Su música es alegre, contagiosa, ideal para acompañar una revuelta universitaria donde nunca va a llegar la policía, a no ser que sea para pedir que bajen la música, por los vecinos. Ideal para donde sólo habrá pistolas, si se organiza una guerra de agua y donde el único humo visible es el del hachís mezclado con tabaco. La lírica en las canciones de Chao es tan básica, tan sin pretensiones, tan elemental, que da gusto. Su fuerte son los ritmos, una mezcla de pachanga, candombe, reggae y vallenato. Todos ritmos latinoamericanos que ese nuevo conquistador saqueó para llevarse a Europa. Pero Manu no tiene la culpa, ¿O es acaso responsable de que los grupos musicales de América Latina hayan obviado sus ritmos ancestrales para tratar de ser rockeros anglos y conquistar la lista de los Billboard? Mientras en nuestros países vivimos mirando a Estados Unidos, con los pantalones abajo y la boca abierta, un francés vestido como el Chavo del Ocho se llevó baúles y baúles con nuestra música y ahora es un líder mundial. Gol de Manu. Gooool. De su paso por Mano Negra, su legendaria primera banda, Manu Chao publicó los discos Patchanka, en 1988; Puta´s Fever (¡Sífilis!), en 1989 (disco con el que acompañó a Iggy Pop en su gira por Estados Unidos, y que, pese a su éxito, la banda descartó la idea de hacer carrera en el país soñado por los músicos del sur); King of Bongo, en 1991; un disco en vivo, en 1992, llamado In the Hell Patchinko, grabado en una gira por Japón; y Casa Babilón, en 1994. Clandestino, el primer disco de Manu Chao en solitario, 1998, iba a ser lanzado por Mano Negra. Pero vinieron las peleas. Los abogados. Las demandas por el nombre del grupo. Toda una guerrilla de declaraciones, tinterillos e intereses millonarios, muy lejos del estilo de vida descarriada de los músicos clandestinos.

Día 5. Noche. Concierto-Bar. Terrasa.

–Tenemos la obligación de luchar por un mundo mejor –grita Chao, con su voz de payaso, a sus doscientos acólitos que han llegado esta noche al suburbio barcelonés de Terrasa. De vez en cuando, Chao hace este tipo de conciertos, algo íntimos, casi nada promocionados (apenas fotocopias en los bares del Gótico), y que él mismo define como ensayos con público. “Si seguimos así, con este puto mundo tan malo, nos daremos contra una pared”, y todos aplauden, algunos chicos empuñan la V de la victoria y una chica rubia, que parece alemana, levanta un libro rojo cuya portada lleva la cara del francés. No es un detalle menor. Se trata de Manu Chao: música y libertad, un libro que acaba de publicar la multinacional Mondadori, escrito por el desvergonzadamente zalamero periodista Alessandro Robecchi, en el que califica a Chao con títulos del tipo “el líder de una nueva juventud”, “el salvador del antisistema”, “el motor de muchas causas”, “su vida es la libertad misma”, y otras alabanzas de semejante calaña. Terrasa es un sitio pobre dentro de los parámetros españoles. La mayoría de los asistentes al recital viene de otros lugares de Barcelona. Sin embargo, a pocas cuadras de donde ha sido el concierto, está el Cataclismo, una fuente de soda donde se reúnen los ilegales sudamericanos. Pero no son como los latinos que siguen a Manu junto a sus novias europeas. No. Estos son de los feos, de los negros, de los peruanos y bolivianos y ecuatorianos que no pueden llevar el pelo largo porque no se los permiten en el sitio donde limpian baños. De esos que tratan de vestirse muy correctamente, y se perfuman con la camisa dentro del pantalón y llevan lustrosas chaquetas de cuero para que no los detenga un policía en la calle. De esos ilegales que dejaron sus países porque no tenían un peso y, aprovechando el ofertón del mundo global, vinieron en busca de unos sueños que ahora son pesadillas. En resumen, de esos por quienes lucha Manu Chao. Es por el futuro de estas cuatro parejas, de estas ocho personas que se emborrachan con cerveza su único día libre del mes, por quienes evangeliza Manu Chao. Pero en el Cataclismo, todos bailan y corean “Fueee por una ráfaga de amoooor”, del grupo Ráfaga. Y levantan los brazos y hacen el trencito y el túnel y sólo empuñan la mano para levantar el vaso cervecero que terminará haciéndoles perder el juicio. Ninguno de ellos sabe que a unos cuantos metros de allí, casi de manera clandestina, acaba de hacer su aparición el Comandante Manu Chao. Y qué les importa: ellos sí saben que no existe un mundo mejor. –Necesitamos un mundo mejor. Cambiemos el mundo –insiste Manu. Y hay una sorprendente semejanza con las frases que gritaba Danny el Rojo, líder del movimiento del Mayo Francés y que ahora, viejo y ecologista, acaba de ser sometido a juicio en Alemania por pedofilia. Y antes de que los muchachos de Radio Bemba se lancen a tocar, Manu Chao susurra a capela, “Tú no tiene la culpa, mi amor, que el mundo sea tan feo”. Y el alarido de las chicas, con sentimiento de culpa por ser hijas de un padre con demasiados empleados, no se hace esperar. Esa es la gracia de Manu. Así como Ricky Martin pudo atravesar fronteras y embobar a las adolescentes descocadas del norte y del sur, Manu Chao ha cruzado el charco y unido a los jóvenes-sensibles-e-idealistas de ambos lados del planeta. Todo un mérito, y eso se debe reconocer honestamente. Aunque, cuando termina el show otra vez trato de hablar con Manu, y, otra vez, aparece ese amigo gordo con cara de ex boxeador, que me detiene y me prohíbe acercarme.

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comentarios
  1. Juan Javier dice:

    Lei todo esto que intentaste escribir y solo saco una conclusion, te quedaste resentido porque no te dio una nota. Das lastima

  2. No da lástima, es honesto… Me parece un buen ensayo… y yo siento gran admiración por Manu Chao… lo único que obviamente no me agradó es lo de la voz de payaso! … pero como digo, es honesto… si su voz no le gusta, allá el, pero rescató la escencia de Manu y eso es lo importante.

  3. Rafaelo dice:

    A mí parece un buen acercamiento a un manu Chao que no nos imaginábamos.

  4. yadira moreno dice:

    A mí me parece lo mejor que he leído acerca de Manu Chao. Yo estoy totalmente de acuerdo, Manu Chao es un payaso europeo, que canta y escribe a jóvenes enajenados que viven en un continente marcado por la culpa, por los crímenes que han cometido contra tantos seres humanos. Para ellos brincotea Manu Chao. Pero los hombres y mujeres verdaderamente clandestinos, los sin patria, los que en realidad no le importan a nadie y son como una raya en el agua, ellos sufren una vida de desigualdad, que Manu Chao, el líder de la juventud, el luchador social, ni siquiera se puede imaginar.

    • marc soler dice:

      imaginese que escriben sobre cada uno de nosotros…yo al menos no soy perfecto, auguro que usted tampoco-, ni manu chao. aunque pueda comercializar la lucha anti-sistema, al menos lo siente y lucha por ella, a su manera, que no es poca

  5. muy bueno, muy inteligente…
    a veces la lucidez parece resentimiento,
    pero aunque no quiero generalizar es bien
    cierto que muchos artistas viven del turismo
    sociológico. cada época tiene su cuota de
    gente que, por más bien intencionada, No
    Entiende. felicidades!

  6. vic dice:

    Manu chao es un poser y nunca ha representado nada, nunca volveran esos dias de gloria con mano negra

  7. daniel moreno dice:

    que periodismo tan mediocre a qui queda evidenciada la falta de personalidad y de carácter
    es de notar que su tonalidad aveces parece ser de una persona resentida que se tiene que conformar simplemente con ser un misero periodista y no puede tener la libertad que tiene manu yo creería que es el verdadero artista de la gente con una humildad tan inmensa que se abstiene de dar entrevistas para no alardear de ser famoso y todo este resentimiento de este periodista de quinta es por que sea dado cuenta que manu chao no es una persona común manu chao es un estilo de vida que muchos desearíamos vivir.

    • Sudaca Ofendido dice:

      increible cuanta verdad en esas, palabras ahora los borregos del antisistema politicamente correcto te llenaran con insultos, por haber tocado su deidad de ese modo tan “dios a muerto”… solo mira comentarios “que manu es una gran persona, que es un artista con sentido social” yo solo veo otro hippie haciendo alarde y dinero de su solidaridad, de su apertura de conciensias de su evangelizadora palabra que nos llevara a un mundo hermosa tal cual puticlub abierto 24/7 sin pagar… un estilo de vida??? si yo tambien quisiera llevar un estilo de vida donde por lloriquear por los problemas de otros me paguen descomunales sumas 🙂

      • lisbeth dice:

        y tu que haces…es la manera de Manu de llegar a la gente…cuantos artistas millonarios hacen lo que el hace….sos un envidioso….pero envidias la plata no la conciencia …… y para criticar si es un duro no…. o que prefiere escuchar usted derechosos sin verguenza…..musik hueca…o algo q a usted por lo menos lo haga pensar en los demas…yo vivo en un pais tercermundista no son una francecita acomodad o algo asi y sin embargo soy capaz de apreciar el valor del arte de Manu….quien si vivió en mi pais, quien si se rodeo de los invisibles, de los pobres, de los “desechables” de los del “cartucho” y yo que estoy inmersa en este conflicto armado porq mi hermana esta secuestrada, yo que si tengo conocimiento de causa le puedo decir que Manu chao cambia el mundo con lo q hace…..IGNORANTE….INDIFERENTE…sudaca? de donde…de cuales … de los del montón seguramente no de los de verdad sumersé!

  8. Alejandro Zuluaga dice:

    Tonto Meneses

  9. marcelo dice:

    yo no voy a empesar como todos hablando del periodista ni de su forma de mirari la vida.yo solo comparto el mismo sentimiento que nos deja manu chao esa felisidad despues de sus shows con esas ganas de querer cambiar algo, yo creo que cuando eso pasa es que lo que trasmite es verdadadero. si tiene plata o es millonario se lo habra ganado y bien a mi en sus conciertos me hace feliz. es verdad como decian manu chao es un estilo de vida que muchos desiamos. ya se uniran todos los colifatos!!!!manu gracias por tantas alegrias y hacerme disfrutar de cosas tan simples

  10. Alejandra dice:

    Muy padre, aunque creo que si hay un poco de resentimiento por la falta de entrevista, es totalmente honesto dejarlo en las líneas claro. Me agrada la forma descriptiva y entrelazada de tu artículo, felicidades!

  11. pablo dice:

    jajaj muy bueno

  12. Clau dice:

    Lo mas importante para mi y coincido con un comentario anterior en que Manu me hace feliz…me da la libertad que deseo en sus canciones…. dice lo q quiero decir…vive como yo quisiera vivir… tiene la libertad en el alma… La virtud de reunir a tanta gente con sus canciones simples y recicladas…no hay otro artista q pueda lograr eso….mi Proxima Estacion es la Esperanza gracias Manu

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