La revuelta del arrabal

Publicado: 19 marzo 2010 en Diego Enrique Osorno
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Primera escena: Tarde. Primavera. El tráfico vehicular del Periférico se detiene en el Crucero de Cinco Señores. Una parvada de adolescentes toma por asalto parabrisas pringosos. Sin preguntar comienzan a limpiarlos con franelas roídas. Algunos conductores les dan una moneda, otros, una mentada de madre. El semáforo cambia a verde, los coches avanzan, la tarde sigue y la vida mansa en las calles de Oaxaca, también.

Segunda escena: Mucho ruido. Esta vez no hay automóviles en Cinco Señores. Son miles de personas que vienen caminando kilómetros atrás. Protestan contra el gobernante en turno. Quieren que se vaya. En la muchedumbre va una parvada, la parvada del Crucero. Las multitudes arrastran multitudes, escribió Elías Canetti. Uno de los de la parvada, El Dany, pinta con spray en la pared de un banco: “El pueblo unido, jamás será vencido”. El ruido sigue. Ya es verano.

Tercera escena: Guerra. Ahí están, en la primera línea de combate de la insurrección. Los maestros eligieron el otoño para regresar a reponer las clases perdidas y ellos, los limpiaparabrisas, han ascendido a coroneles en la batalla del 2 de noviembre en Ciudad Universitaria. Más de mil elementos de la Policía Federal Preventiva que quieren quitar las barricadas se repliegan ante la embestida de la parvada. En los minutos siguientes volverán, primero con tanquetas, luego con helicópteros, pero también serán derrotados. El Dany y los suyos han ganado.

Cuarta escena: El humo cubre el Centro Histórico de Oaxaca. Emana de automóviles, más de 40, recién incendiados; de edificios públicos, una decena, consumiéndose en llamas. “OAXACA ARDE”, titularán mañana al unísono los diarios locales. En sus despachos sobre lo sucedido el 25 de noviembre, los reporteros contarán cómo ahora los derrotados fueron los de la parvada. “Como quiera – me presumirá luego El Dany- la PFP y los burgueses, no se fueron limpios”. Un largo invierno estaba por llegar a la ciudad.

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Nadie sabe a ciencia cierta cuál fue la primera barricada que se instaló ni quien la ordenó. Tampoco si la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca -esa idea abstracta conformada por opositores al Gobernador Ulises Ruíz Ortíz- había planeado hacer esto con antelación.

Lo que casi todos recuerdan es que un grupo de pistoleros que después fueron identificados como policías de diversas corporaciones locales, una noche, recorrieron en convoy las calles de la ciudad vestidos de civil, disparando a diestra y siniestra. Era el 22 de agosto ese día en que mataron a Lorenzo San Pablo Cervantes, opositor que resguardaba las instalaciones de la estación de radio “La Ley”, tomada por la APPO.

Así fue como a la tarde siguiente, los simpatizantes del movimiento rebelde comenzaron a levantar barricadas en las calles de sus colonias, alegando que se preparaban para un inminente sitio mandado desde la Ciudad de México, o por lo menos, justificaban, para defenderse de una nueva “Caravana de la Muerte”. El caso es que comenzaba así la toma entera de la ciudad.

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Le dicen “bazuca”. Es un tubo de acero reforzado donde caben cohetones de feria capaces de provocar estruendo a más de un kilómetro de distancia. Con esta improvisada arma, algunas bombas molotov, muchos palos y piedras, una de las barricadas de la APPO aguarda, dicen los responsables, a los encapuchados que recorren las madrugadas en caravana.

“¡Párense, párense!”, se grita a varios metros de distancia de un vehículo no identificado que se dirige hacia acá. Hay un breve momento de tensión. “Bájense, identifíquense”, se les ordena a los tripulantes y estos atienden el llamado de manera tranquila. Se trata de un par de periodistas de Televisa que recorren la madrugada buscando información. La calma regresa a la barricada. Los conductores continúan con su periplo, barricada tras barricada, nervio tras nervio. Los periodistas son de los pocos que se atreven a violar el “toque de queda” decretado por la APPO y ejecutado en algunas zonas por chavos banda como los de este parapeto.

“Ya saben compañeros que tenemos este toque de queda a partir de las 10 de la noche. Hay que estar preparados por si los paramilitares de Ulises Ruíz quieren atacarnos de nuevo. Vamos a resguardarnos y a estar preparados”, indican los líderes a través de la frecuencia radial secuestrada. Ya se sabe, pues. Nadie transita por la madrugada oaxaqueña a menos de que tenga algo imprescindible que hacer. O que arriesgar.

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Los chavos banda casi no van a las protestas de día, pero ese maestro sí. Y camina y camina. Son muchos kilómetros de marchas, muchas horas de plantón. Él espera algo, cree que arreglará sus asuntos, piensa que al término de tanta protesta, de tanta lucha como gritan los líderes, mejorará la situación de todos, incluida la de él. Quizá haya entonces para arreglar ese techo de la casa desmoronándose, para esas vacaciones prometidas a Puebla, para ir a comer los fines de semana fuera de la casa, para comprar la lavadora que quiere la mujer. Él, como muchos, está aquí porque tiene esperanza, porque quiere estar mejor, porque de repente se puso a soñar.

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Los automovilistas despistados -los que osaron no acatar el toque de queda decretado – y la gente detrás de las barricadas pueden llegar a tener una relación que para ser exitosa pasa irremediablemente por tres etapas.

Primero, en cuanto ve el parapeto, el conductor tiene que apagar las luces exteriores del auto, encender las interiores y poner la señal luminosa intermitente. Entonces debe bajarse del vehículo, caminar con las manos en alto y comenzar la parte explicativa: “Fíjese que vivo aquí a dos calles”, “se me pasó el tiempo y no vi que ya pasaban de las once”…

Depende en mucho de las alertas del momento y el humor de los colonos de la barricada para poder pasar a la siguiente etapa: la de la negociación. “Ándele, déjeme pasar ahí traigo un poco de pan que les puedo dar…”, “lo que pasa es que voy a un velorio…”, “no sean así, compas, dénme paso, yo también soy de la APPO”, son oraciones comunes.

Algunos superan con éxito estas dos etapas y comienzan ya la tercera que consiste en una conversación, incluso amistosa entre el que está detrás y el que está frente a la barricada. No son pocos los que se quedan escuchando por qué se levantaron contra el gobierno, por qué no quieren al Gobernador y cosas por el estilo. Ya entonces, una vez ganada la confianza, el automovilista puede seguir con su arriesgado periplo, deseando no toparse pronto con otra trinchera, porque sino, todo volverá a comenzar de nuevo. “Fíjese compa que yo vivo aquí a…”.

Pero la realidad es que la mayoría de los conductores fracasan en su intento de driblar barricadas. Hileras de autos amanecen con sus tripulantes acurrucados en los asientos esperando que pasen las 6 de la mañana y las pequeñas murallas opositoras hayan sido levantadas en esta Ciudad Barricada.

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Dieciséis años de edad, sin secundaria terminada, carente de trabajo, amante del hip hop, graffitero de corazón, consumidor de “la hierba” nada más “de vez en vez”, chavo banda. “Mejor del cemento”. Hijo de esos oaxaqueños que bajan de la sierra mixteca para vivir pobremente en esta ciudad trabajando como meseros o afanadores en algún hotel de la ciudad.

Es “El Calaca”, uno de los “escudos” que iniciaron la batalla campal del 25 de noviembre, amigo de El Dany. “Ellos son los que iniciaron con su provocación”, se justificaba mientras cumplía su labor protegiendo a otro de sus compas “bazuquero” que con tubos de PVC lanzaba el estruendo de sus cohetones en contra de la PFP. “Somos pueblo y vamos a ganar”, alcanzaba a decir más tarde, entre tosidos provocados por el gas lacrimógeno enemigo.

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¿Cómo le damos un sentido político correcto a eso para que después no se vuelva una cotidianidad que degenere?, se preguntaba Omar Garibay, secretario general del Partido Comunista Marxista Leninista, organización estalinista que es una de las principales instancias políticos operando detrás de la APPO.

Cuauthémoc Ruíz Ortíz, otro comunista, aunque éste troskista del Partido Obrero Socialista, reflexionaba sobre el mismo tema. “El lumpen es inestable. Te ayuda con acciones radicales o te destruye un movimiento…”, comenzó a disertar el intelectual que en estos tiempos convulsos del país acaba de publicar, desafiantemente, el Segundo Ensayo del Proletariado sin Cabeza.

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Pues bien, ha caído la noche. Estamos sentados bajo una carpa y una maestra me ofrece un vaso de café. Es parte de un grupo de profesoras indígenas mixes que habla con orgullo de la historia de su pueblo, el pueblo que, según la leyenda, nunca fue conquistado por los invasores españoles.

Estamos en el plantón del Zócalo, pronto se hará de madrugada y Oaxaca estará más oscura y más fría. Pero antes de eso, un hombre moreno, alto y fornido aparece y pregunta con voz enérgica: “¿Tú eres el que quiere platicar de la brigada?”.

Yo solo asiento y dejo mi café en el piso. Ando tratando de conocer un poco más de ese grupo rebelde creado por la APPO para cerrar las pocas oficinas públicas que operan en la capital del estado. “Apúrate para que puedas platicar con los compañeros”, me ordena y yo lo sigo hasta que llegamos a otro campamento de protesta instalado en las afueras del Centro Histórico.

Al arribar, al primer hombre que veo es a ese joven moreno, bajito, de cuerpo fornido y con rasgos mixtecos que hace varios días observé con su hacha al aire invocando la revolución del Siglo XXI que muchos aquí creen con firmeza que se está gestando.

No es la primera vez que convivo con los miembros de la brigada móvil. En el último mes me he subido con ellos a los camiones urbanos que arrebatan para realizar sus acciones, las cuales son acordadas y trazadas sin excepción por la dirigencia colectiva provisional de la APPO y de la sección 22 del SNTE, luego de largas reuniones celebradas a puertas cerradas.

Los líderes definen en su asamblea un plan de acción y la brigada lo ejecuta. Ni más, ni menos. Saber a ciencia cierta en qué consiste este plan es complicado para los reporteros. Por eso cuando uno va con la brigada en los camiones urbanos “tomados”, nunca sabe a ciencia cierta hacia dónde está dirigiéndose.

Ora los brigadistas se detienen en TV Azteca y amagan con prenderle fuego pero no hacen nada, ora son balaceados por el jefe de la policía municipal cuando intentan clausurar las oficinas de la secretaría de Economía estatal, ora, como hace unas horas, llegan a las instalaciones de la secretaría de Protección Ciudadana y desalojan a los mandos policiacos, para después llevarse como rehén al Zócalo a un funcionario de la dependencia.

Y es que para la estrategia de ingobernabilidad que se han empeñado en implementar los opositores al Gobernador Ulises Ruíz, la brigada móvil -como se llaman también algunos órganos de combate de la actual guerrilla colombiana- es un ente clave.

El caso es que los brigadistas tienen muchos días de actuar aprovechándose de la anarquía reinante, pero apenas acaban de saltar de manera irremediable a la fama, tras la irrupción violenta y televisada ocurrida mientras en el DF, sus líderes y el secretario de Gobernación, Carlos Abascal, negociaban “la paz en Oaxaca”.

Entre los “brigadistas” de este campamento está Giovanni, niño guerrillero de 13 años de edad que atiende un puesto ambulante del Centro Histórico por las tardes, pero que en las mañanas suele colarse a las acciones de la brigada. Este chamaco fue el que encabezó el desalojo que hizo la brigada móvil de un cuartel de la policía estatal. Es el personaje clave de los últimos acontecimientos oaxaqueños. Para algunos el villano, para otros la víctima. Un chico sin oportunidades dignas, dicen unos; un delincuente en potencia, afirman otros. Las dos cosas, opinan los terceros.

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El “lumpenproletariat”, en un expresión germánica de Carlos Marx que se refiere a la clase mas baja de proletariado. Ni siquiera clase se le considera, sino residuos. Está en harapos, como indica la palabra “lumpen”. Por no tener, no tiene ni siquiera conciencia política. Como tantas situaciones arcaicas de la sociedad, no merecen ser atendidos; más bien son utilizados por “la vanguardia del partido…o del movimiento”.

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En las barricadas más pobres de la ciudad hay tiempo para todo: para que novien los chamacos que sólo así se animan a aguantar la vigilia subersiva; para que las vecinas de la colonia 7 Regiones que antes estaban peleadas, ahora arreglen sus diferencias con las tandas incumplidas y los malos gestos intercambiados aquella vez; para que un viejo panadero admirador de Fidel Castro saque del clóset la boina y el traje de montaña con el que imita a su ídolo mientras camina sigiloso por una calle de la colonia Volcanes; y para que los compadres de bautizo puedan trasladar sus interminables partidas de dominó en sus casas, a la acera y así, contribuir a la lucha.

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Lázaro García Barrera es el Presidente del Frente Popular Revolucionario, una organización comunista de masas que reivindica a Stalin y que fuera de reflectores se convirtió en uno de los principales grupos dentro de la APPO. Ellos casi no dan entrevistas. Pero Lázaro me dio una a principios de enero de 2007 en el DF. También hablamos de los chavos banda, el lumpen, como le decían algunos dirigentes del magisterio a los de la parvada de “El Dany”.

“Nosotros no vemos a todos ellos como lumpen porque el asunto de los chavos es muy especial. Hay chavos, incluso de los cruceros, que jugaron un papel muy importante e incluso se elevaron políticamente, ya que antes del conflicto no tenían esa politización que vino después. Otros incluso tenían formación anarquista y la reivindicaron, pero también déjame comentarte que fueron muchos de aquí, del DF a vivir allá y ellos en buena parte eran los que contagiaban esa actitud incorrecta en la que veces caían los chavos banda”.

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Dicen los dirigentes del movimiento opositor que hay 1 mil barricadas en la ciudad, pero ¿qué es una barricada? El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española lo define así: “ Especie de parapeto que se hace, ya con barricas, ya con carruajes volcados, tablas, palos, piedras del pavimento, etc., usado para estorbar el paso al enemigo, más frecuentemente en las revueltas populares que en el arte militar”.

Lo que es en sí una barricada en Oaxaca se altera un poco dependiendo de la zona visitada. Si por ejemplo se quiere hablar de una barricada del Centro Histórico hay que decir que éstas están hechas con bancas de plazas públicas, o con rocas enormes que quiensabe cómo llegaron acá, o con pedazos de un destartalado auto oficial incendiado.

En cambio, si se quiere hablar de las barricadas del Cerro de la Fortín como la que pone la señora Minerva G. frente a su tienda de abarrotes, se tendría que decir que las barricadas están hechas con escombro de algunas edificaciones a medio terminar pero sobre todo con una infinidad de clavos que pequeños y todo, son letales para frenar el avance de cualquier “Caravana de la muerte” que se anime a recorrer estas sinuosas calles.

Así, cada colonia o calle de la ciudad que decide sumarse a la APPO forma su barricada según sus propios modos y por eso ya hay algunas que de plano son muros infranqueables, mientras que otras apenas están como un débil reparo frente a cualquier convoy agresor.

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Son las 3 de la tarde en punto del 2 de noviembre, día de Muertos. La Policía Federal Preventiva sorpresivamente está siendo derrotada. Mauro, estudiante de segundo semestre de Derecho en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca se ha convertido en un experto en lanzar cohetones contra el enemigo y ahora lo demuestra disparando uno al único helicóptero que todavía -después de 5 horas de enfrentamientos- sobrevuela los alrededores de Ciudad Universitaria arrojando bombas de gas lacrimógeno.

El tiro de Mauro hecho desde una bazuca pasa rozando la hélice trasera de la aeronave oficial. Alguien le ha dicho que de atinarle a ese lugar, el helicóptero perderá equilibrio e inevitablemente caerá. No importa que haya fallado el universitario adherido a la APPO. Vía terrestre, por la avenida Periférico las 14 tanquetas antimotines y centenas de efectivos federales se alejan a paso apresurado en medio de una lluvia de piedras, palos, petardos y bombas molotov lanzados en su contra.

Listo. El helicóptero federal también se ha retirado. Los rebeldes oaxaqueños acaban de lograr un asalto al cielo, o por lograron rozarlo. “¡Si se pudo, si se pudo!”, es entonces el grito del triunfo aquí en el cruce de Cinco Señores y Periférico. Agustina y Lorenzo, no se lo creen y se abrazan, y voltean a ver de nuevo si es que las tanquetas no detienen su retirada para regresar y seguir con la batalla, pero nada, las tanquetas, los miembros de la “Policía Federal Represiva” y los helicópteros ya son una pequeña mancha que se pierde a un kilómetro de distancia.

La pareja de habitantes del poblado de San Antonino del Castillo que vino a “luchar por la dignidad de Oaxaca” se abraza otra vez y va en busca del mitin que ha emprendido ya Flavio Sosa arriba de un poste de luz. Todos, o casi todos los 5 mil presentes gozan su triunfo cantando “Venceremos”, coreando, una vez más: “Ya cayó, ya cayó, Ulises ya cayó”.

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Bergen es una periodista de Grecia que llegó a la ciudad para filmar un documental sobre el alzamiento oaxaqueño. “Yo pensé que era una revolución de maestros y veo que esto es distinto, que se parece más a la revuelta de los suburbios de París”, me platica en una tregua de la batalla reporteada.

Seguro que tiene razón. Aquí hay ahora grupos de chavos banda que van por las calles del Centro Histórico prendiéndole fuego a los automóviles que ven a su paso. Sin discreción alguna, lo mismo a la flamante y burguesa camioneta del reportero de Televisa Iván González que al viejo y proletario bochito ese abandonado sobre la avenida Pino Suárez.

“¡Para que vean quien manda cabrones!”, gritan una vez consumada su acción.

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Aquí acaba aquél ruido de ciudad recuperada. No hay cláxones de autos atascados en el tráfico, ni bullicio de vendimias rezagadas por el plantón, tampoco el sonido de agentes de la PFP redoblando el paso, mucho menos el murmullo de peatones despistados cruzando los alrededores, vamos, hasta el ventarrón de la noche tiene que hacer alto y callarse cuando se topa con la barricada de Ciudad Universitaria, “La Barricada de la Muerte”, le dicen “El Dany” y demás chavos banda.

A pesar de todo lo anterior, este parapeto opositor tiene más la pinta de un buen recuerdo para la APPO que de una muralla infranqueable. Sino fuera porque apenas el 2 de noviembre, luego de la Batalla de Todos los Santos, centenares de federales salieron en retirada de aquí, uno vería hasta inocente la hilera de autos y camiones calcinados que se acomodan al anochecer sobre la avenida Universidad.

Como quiera que sea pronto vendrá la medianoche y con ella las fogatas, algunos vecinos de la colonia compartiendo la vigilia con los jóvenes rebeldes, el cotilleo de los guardianes sobre “la jornada de lucha” del día apenas culminado, los nuevos chistes sobre el Gobernador Ulises Ruíz, las historias de las “batallitas” ganadas por fulanito o menganito y como fondo de todo esto las canciones del socialismo setentero que toca sin descanso la tomada Radio Universidad.

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Decenas de los que terminaron enfrentándose con la PFP en el Centro Histórico y que luego incendiaron automóviles son como El Dany. Perdieron la esperanza de encontrar un trabajo digno, un estudio o una oportunidad en algún momento de sus vidas y fueron a dar esta rebelión que primero tuvo el rostro de un maestro rural y que luego usó pasamontañas y tenis Conversse.

La definición del chavo banda aplicaba bien para muchos de los integrantes de este movimiento rebelde que sacudió Oaxaca en 2006: Jóvenes desempleados, se dedican al trabajo no reconocido, a lo que los arroja a las calles, a reunirse en las esquinas y tomarlas como refugio y punto de encuentro, tienen desde siempre una fuerte rivalidad con “la tira” (la policía), manejan un lenguaje callejero, un caló que mezcla elementos provenientes de orígenes diversos: el lenguaje pachuco, el lenguaje de la onda, las lenguas indígenas y las jergas marginales, que al mezclarse con expresiones inventadas, se convierte en un lenguaje incomprensible.

Ellos provenían de padres inmigrantes, indígenas y campesinos, jóvenes de la submetrópoli. Su comportamiento intenta escandalizar a la sociedad entera, gritarle que ahí están, que existen, que los tomen en cuenta. “Los chavos banda viven una rebeldía imaginaria que en Oaxaca se convirtió en realidad”, me explicó Lorenzo Encinas “Nicho Colombia”, un amigo de Monterrey experto en la materia.

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Ataviado con la franela roja que usaba para secar vidrios, El Dany iba a marchas ocultando su rostro. “Se siente chingón”, me contaba luego, rememorando cómo había incendiado el 25 de noviembre junto con otros de sus compañeros un automóvil Stratuss estacionado en la calle de Alcalá. “Primero le aventamos bombas molotovs y luego gasolina…rapidito, rapidito se prende”, relataba.

“Ahora estamos aquí marchando porque somos pueblo, puro pueblo”, alzaba la voz, quizá tratando de apantallarme emulando a esos, los dirigentes de su movimiento cuando realizan discursos en alguna movilización o en alguna marcha.

“El Dany”, me dijo que si tenía padre, no lo conocía. Que su mamá se regresó a vivir a un pueblito de la sierra sur y que antes de la revuelta vagaba por la ciudad, viviendo con los amigos. Por ahí. Ahora, aclaraba, estaba luchando “como luchó Fox” por el cambio pero en Oaxaca.

Unos viejos activistas le vieron madera y lo tienen en su casa, estudiando, aprendiendo a leer bien a sus 11 años de edad. Seguro que la guerrilla ya lo contactó también y quizá termine pronto en la sierra.

En algún momento de la última charla que tuve con él me dijo: “¿Verdad que qué si no hubiéramos quemado los autos, tú no estarías chingando aquí con que te dé una entrevista?”.

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comentarios
  1. En esta época dependemos mucho de que vosotros, los nuevos periodistas, la juventud con voz, deis ese último espaldarazo necesario para exponer definitivamente las terrible realidad de banderas falsas. En cualquier caso, mucha suerte para vuestro futuro.

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