El último vuelo del Palomo

Publicado: 12 abril 2010 en Lucero Rodríguez G.
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Los vecinos dijeron que alguien dio la orden de “disparar doce veces al cuerpo del Palomo Usuriaga”. Doce por el barrio en el que vivía desde chico, el 12 de Octubre, y que a pesar de su carrera de futbolista, su fama y riqueza, nunca abandonó. Doce por el número de barrios, incluido el del Palomo, que conforman la comuna 12, donde se cometieron, el año pasado, 115 homicidios. Al asesino del Palomo le faltaron cinco tiros, pero igual lo mató.

Para el funeral de Albeiro, la familia Usuriaga contrató 12 buses, que no fueron suficientes para evitar el sobrecupo. Una multitudinaria caravana con gente del barrio y seguidores provenientes de diferentes partes del país como Pereira, Bogotá y Puerto Tejada acompañó al “Palomo” hasta su última morada. Pero como la vida misma, su sepelio no dejó de ser un evento sobresaltado.

En la capilla del Palmar la misa fue interrumpida una y otra vez por los que pedían abrir la caja para ver al muerto. Cuando el sacerdote estaba a punto de ceder al caos, alguien gritó: “Esto no es una rumba, le estamos rezando al socio!”, y todo quedó en silencio. Fotógrafos, cámaras, curiosos, aplausos, arengas: “¡Usu! ¡Usu!”, “por qué matan a las personas buenas”, venta de helados “a 500”, fueron las últimas imágenes que quedaron grabadas antes de enterrar, con serenata incluida (“Llegó el final, me voy de tu vida, mi vida vencida está”, del Gran Combo, cortesía de un CD que retumbaba en el auto del “Pepesón”, locutor radial y amigo del Palomo), a Albeiro Usuriaga.

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Como si fuera a convencer a un niño de que dejara de jugar para cumplir con la tarea, Guillermo Cárdenas, el jefe de prensa del América en ese entonces, fue comisionado por el club para encontrar a Albeiro Usuriaga y recordarle su salida a Argentina. Un día antes del viaje, el Palomo estaba jugando bolas (canicas) con una gallada del barrio. Al ver a su guardián, el “Usu” le dijo: “Yo para allá no voy, pana”. Así que Cárdenas tuvo que hablar con la mamá y explicarle la importancia del viaje. La señora Esther López llamó a su muchacho: “Mijo, tenés una oportunidad divina, no la vas a desaprovechar”.

Tres días después de la llegada de Albeiro a Buenos Aires conoció a Juan Carlos Vásquez, un caleño de 19 años, que estudiaba Relaciones Públicas en la Universidad de Buenos Aires, hablaba dos idiomas y trabajaba medio tiempo en McDonald’s. Palomo le comentó a Juan que estaba solo, que su club lo había mandado a Buenos Aires y que existían varias posibilidades de quedarse pero nada era seguro.

Se hicieron amigos y el Palomo le preguntó si sabía de números porque tenía dudas sobre su contrato, no conocía los impuestos argentinos y no sabía por qué conceptos le deducían a su sueldo.

El Palomo le hizo una propuesta para que le colaborara en el asunto, y Vásquez accedió a ayudarlo, consiguió negociar un buen contrato y con el tiempo se convirtió en una mezcla de manager, relacionista público, jefe de prensa, asesor jurídico y financiero y hasta asistente personal de actividades múltiples como manejarle el carro, pelear con él y regañarlo para que empacara maletas y saliera a tiempo a sus compromisos internacionales.

No había transcurrido un mes y en pleno invierno de Buenos Aires el Palomo, todavía incómodo, lejos de su Cali, le dijo a Juan Carlos: “Aquí hace mucho frío, no hacen sancocho, no venden fríjoles, no tengo amigos, me quiero ir”.

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Palomo jugaba cartas con un grupo de amigos cuando un muchacho se acercó con dos pistolas en la mano y le disparó. El chico, un menor de edad, lo remató y luego huyó en una motocicleta que lo esperaba en la esquina, bajo la cómplice sombra de la noche y el silencio de los vecinos. La hermana de Usu, Carmen, estaba viendo todo desde el balcón.

Desde que Carmen vio a su hermano caer supo que no había esperanza. “Tenía la mirada perdida. Cuando suceden cosas de bala los taxistas no paran, es casi imposible. Gracias a Dios pasó un amigo en una camioneta y lo llevamos, tampoco queríamos dejarlo ahí a esperar el levantamiento del cadáver porque la congestión de gente era impresionante. En el hospital fue horrible, un gentío, televisión por todas partes, la gente se quería meter a como diera lugar”.

A las 8:30 de esa noche, los medios confirmaron la noticia: había sido asesinado el jugador de fútbol Albeiro Usuriaga, que participó en la consecución del primer título intercontinental del Atlético Nacional, la Copa Libertadores de América, en 1989; fue artífice del último gol que marcó la Selección Colombia contra Israel ganando el pase al Mundial de 1990 y que con el Independiente de Avellaneda se tituló campeón del torneo nacional argentino en 1994, se alzó con la Supercopa el mismo año y con la Recopa Suramericana en 1995.

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Después del homicidio del Palomo, el sábado 14, ocurrió otra muerte, que solo tres días más tarde salió a la luz. El asesinato de Luis Fernando Pérez, alias “el salado”, de 24 años, quien, según le dijo un testigo a la policía, era el conductor de la moto en la que huyó el asesino del Palomo.

El fin de semana anterior a la muerte de Usu, el sábado 7 de febrero, cuatro personas en un taxi, incluido el conductor, fueron asesinadas en el barrio 12 de Octubre. Al día siguiente, el domingo 8 de febrero, en la misma esquina donde mataron al Palomo, Javier Vera Marulanda, de 27 años, también fue baleado. Al comienzo dijeron que el jugador vio el crimen y que por eso lo mataron, aunque su hermana lo niega.

La Policía Metropolitana de Cali, y su comandante, el coronel Mario Gutiérrez, tienen otra hipótesis: “Palomo no necesariamente vio esos homicidios pero sí supo cosas, como que iba a haber muertos. Y supo también de Javier, al que mataron el domingo”. Según su declaración, el Palomo le habría dicho enfurecido a una mujer involucrada con la pandilla que él sabía que iban a matar a esos muchachos “y ella habría alertado a los asesinos”.

Los vecinos del barrio no creen en la versión oficial. Según ellos, el día de su muerte el Palomo fue a ver a la policía y los pandilleros, asustados, decidieron matarlo, pero el coronel Gutiérrez dice que fue mentira. “En ese barrio hay pandillas, hay gente fregada, es un barrio fregado, pero la gente le tenía confianza a la policía y el Palomo charlaba con los agentes todas las veces que se encontraban –a pesar de que algunas veces lo arrestaron por indisciplina-. Sospechoso sería que no fuera amigo de los policías y apareciera un día charlando con ellos”. Albeiro, según el coronel, además estaba apoyando un campeonato de fútbol intercomunas en el 12 de Octubre como parte de las actividades que organiza la policía con personas de alto riesgo en la zona, por lo que resultaba obvio que hablara con ellos.

El Palomo Usuriaga había recibido varias amenazas, dicen. Una fue la que le hizo “el salado” cuando disparó al aire frente al Palomo, aunque luego se disculpó con él y su familia. “No era del 12, pero por aquí todo el mundo lo conocía, era un muchacho problemático que venía con su droga encima a montársela a los pelaos del barrio”, dijo una vecina.

“Albeiro no era de discutir y ¿estresado? No tenía motivos para estarlo. Estaba contento porque iba a una prueba. Preocupado como todos en el barrio por ver lo que estaba aconteciendo. Esas matanzas así sin ton ni son, una tras otra, pero nada más”, dijo una hermana. Luego recordó que días antes timbró el teléfono, ella descolgó y escuchó que alguien dijo en voz baja: “Vamos a matar a tu hermano”. Palomo nunca se enteró.

Otra versión no oficial asegura que el fin de semana anterior a su muerte alguien lo amenazó. “Un tipo de una moto. No se sabe qué le dijo pero paró en esa esquina y le apuntó con un revólver a la cabeza”, aseguró un testigo.

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“No, Albeiro, calmate un poquito”, le dijo Vásquez a Usuriaga para convencerlo de que no saliera de Argentina. Habló con la colonia colombiana que vivía en Buenos Aires y organizó un sancoho.

A medida que se destacaba futbolísticamente, Usuriaga empezó a ser visto como una figura exótica, por su color de piel, sus 1,92 de estatura y su desfachatez. En la calle la gente especulaba que parecía modelo. Su popularidad y su fama en Argentina se hicieron evidentes cuando se encontró en medio del acoso de mujeres y fanáticos que pedían autógrafos, fotos, camisetas y boletas, y de muchos anónimos que pagaron sus cuentas en restaurantes. Fue el primer futbolista colombiano en la tapa de Gráfico y también el primer profesional colombiano que debutó en el fútbol español.

Su fama subía como espuma. Juan Carlos le sugirió comprar auto y después decidieron ir a vivir a Avellaneda, el barrio del Club Atlético Independiente. En esa época, las muestras de admiración llegaron al punto de que una vez “íbamos en el auto y una señora casi gritando decía: Usuriaga, te regalo a mi hija, ella está enamorada de vos, tomá el teléfono, andá a la casa a almorzar, mi marido te quiere conocer. Realmente era increíble”, dice Vásquez.

***

“Ídolo porque sí”, tituló en su artículo publicado en El Tiempo el periodista argentino Jorge Barraza, que fijó el epitafio que podría resumir el sentimiento de los argentos por el Palomo: “Que quede registrado, en todo caso, que lo hemos querido mucho. Han llegado muchos futbolistas colombianos a la Argentina. Casi todos alcanzaron el éxito, uno solo la idolatría: Usuriaga”.

El Palomo se fue ubicando en una posición privilegiada. Actores y modelos se fotografiaban con el negro que, lejos de su 12 de Octubre, alguna vez sentenció: “Argentina, el mejor país del mundo”. La hazaña de Independiente tuvo tanta trascendencia en Argentina que el gobierno brindó un homenaje al Club e invitó a sus miembros a la Casa Rosada, donde Usu se atrevió a tomarse una foto, sentado en la silla presidencial, un acto no menos osado que cuando el presidente Carlos Menem lo abrazó y dijo: “Voy a tomarme una foto con Palomo” y este le contestó: “Voy a tomarme una foto con Carlos ‘patillas’ Menem”. Pero el desdén de Usuriaga por el protocolo presidencial ya tenía antecedentes. Cuando el presidente colombiano Virgilio Barco le dijo: “Estás ganando mucha plata no te la vas a gastar, guárdala ¿Qué negocio piensas montar? Albeiro le respondió: “Estoy pensando en montar un peaje, eso da mucha plata”.

Como en un partido de América contra Millonarios, cuando tiró un centro desde la parte occidental del estadio para que otro la rematara pero alcanzó el arco y metió un gol, el Palomo fue “un tiro al aire”, como lo describió Maturana.

Casos como el de doping en Argentina, su detención por comprar una moto robada, la agresión a un policía, un carro sin placas que ingresó al país y hasta rumores de abuso de menores –este último sin sustento jurídico- se filtraron a la prensa.

Cuando empezó a destacarse en el fútbol, en 1995, estando en el América, la Fiscalía Seccional de Cali lo procesó por la compra de una Harley Davidson robada y estuvo detenido durante varios días. El abogado Wilson Araque lo sacó del lío. Su hermano Jair aseguró que cayó por inocente: “Un pelao de por aquí que se la vendió, pero Albeiro salió de eso, la mamá del muchacho era conocida por nosotros, y el pelao siguió por aquí, normal”.

Tras salir positivo por consumo de cocaína en la prueba antidoping, que se practicó después de un partido entre San Lorenzo e Independiente en agosto de 1997 llegó uno de los momentos más duros para la carrera de Usuriaga.

Los jugadores agremiados y el mismo Maradona manifestaron desde Argentina su respaldo al Palomo. En octubre de 1997, el 10 argentino declaró a Clarín “Que no se quiera limpiar con Usuriaga y Maradona. Todos tenemos que tirar juntos para adelante”. Aseguró que quería organizar una reunión con agremiados “lo antes posible, por el Palomo”, no descartó una huelga y agregó: “Hay una discriminación total por esa ley absurda. El que la hizo debe estar muy arrepentido”.

Los abogados de Usuriaga ganaron el caso y le evitaron dos años de suspensión. Basaron sus alegatos en la consideración de la AFA y la Fifa del doping como “toda sustancia que estimula el rendimiento de un deportista en el campo de juego” y concluyeron que la cocaína se consumió días y no horas antes del partido en el que se le practicó la prueba, y que su efecto es muy distinto al de estimular. La Federación Colombiana de Fútbol no sólo no se pronunció al respecto, sino que, según Vásquez: “A Maradona, que 15 días después se involucró en un hecho similar, la misma Federación Colombiana de Fútbol le envió una comunicación manifestándole su apoyo frente a esa situación”.

Pero aún más duro que el doping fue la muerte de su primera compañera, Eliana Fernanda García, asesinada el 24 de julio de 1999, y enterrada ahora a su lado.

Y él tenía que terminar como ella. Con una vida así no hay otra muerte aceptable. Según Maturana, varias veces el Palomo fue al cielo y se devolvió”. Esta vez, quizá, se quedó allá.

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comentarios
  1. Interesante cronica de estilo directo y conciso. Entretenida y cautivante precisamente por su sencillez.

  2. ericking dice:

    Ojala no borres esta pagina nunca del internet, excelente cronica Lucero, excelentes anecdotas del palomo, Saludos desde Colombia

  3. helman martinez dice:

    así es como se debe recordar. creo yo el mejor delantero colombiano de mucho tiempo. pero sin una prensa tan benévola como ahora.

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