La chica mimada del cine porno argentino

Publicado: 12 junio 2011 en Gloria Ziegler
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Enero de 2010. Cerca del mediodía. Villa Urquiza, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Una morocha delgada, de ojos grises y poco más de un metro cincuenta, camina por la calle Álvarez Thomas con sus dos hijas de 12 y 15 años. Trae unas calzas con vivos fucsias y verdes, zapatillas deportivas de moda y remera negra al cuerpo. Al verla nadie podría pensar que es una actriz porno. Pero lo es. Y no una cualquiera. Ana Touche es una de las preferidas del director XXX Víctor Maytland para las escenas más escandalosas, esas bien fuertes que llaman hardcore.

Se ganó su lugar de chica mimada del porno argentino pisando los 30, cuando la mayoría, a esa altura, ya tiene varías películas rodadas y busca otra salida económica. Antes estudió teatro y diseño, fue empleada de servicio doméstico, vendedora y llegó a trabajar en un taller mecánico, donde armaba a mano bobinas para motos. Pero llegó al porno para marcar la diferencia. “Es una de las más osadas a la hora de grabar, disfruta del sexo y de los desafíos que se plantean en el set y eso se nota muchísimo en sus películas”, asegura Maytland, su descubridor y gurú del ambiente.

Ana Touche, en realidad, se llama Anabela. Tiene 32 años y vive con sus hijas y su marido, Alberto -más parecido a un doble de Mick Jagger que a un visitador médico- en un modesto departamento alquilado.

Además de actriz porno, Ana es ama de casa, y aunque un par de veces al mes una señora la ayuda en la limpieza general, aquí mismo se la puede ver fregando un piso o planchando camisas. Le gusta hacer todas las tareas hogareñas, excepto una: cocinar. Para eso está su marido.

Ahora Alberto prepara el mate en la cocina. Pone el agua en el termo y sirve unas galletitas de chocolate en un plato. Mientras tanto Ana recuerda que para los 14, cuando la mayoría de las chicas se entretenían pensando en algún novio, ella hojeaba a escondidas las revistas de desnudos que compraban sus dos hermanos mayores, y fantaseaba con ser una pornostar.

-No entendía mucho pero lo miraba igual porque me gustaba.

Sin embargo, durante casi 30 años, lo más cerca que estuvo del cine condicionado fue el video club que manejaba con su pareja.

– Cuando vine de Uruguay para Buenos Aires y me fui a vivir con Alberto, empecé a trabajar con él en el local y ahí miraba películas XXX constantemente porque tenía que revisar las cintas -dice mientras toma un mate amargo-. Me gustaban y me imaginaba todo, dónde estaba el director, cómo estaba armado. Para mí el porno es arte, con sexo, pero arte. Y ahí fue donde tomó fuerza la fantasía de ser actriz porno.

Febrero de 2006. Pasada la medianoche. Flores, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Ana baila sola en el caño al estilo pole dance. Sólo trae una diminuta tanga y tiene una sola cosa en la cabeza: divertirse.

Se volvió swinger hace dos años y desde entonces sale a bailar con su marido entre dos y tres veces por semana. Esta noche eligieron el Star New, uno de los boliches de intercambio de parejas más conocidos de Buenos Aires.

Ya tomó varias copas de champagne -una de sus bebidas preferidas- y entre movimientos atrevidos acapara la atención de los hombres que la rodean. Sin embargo, todavía no sabe que esa noche es la de su porno dream. Eso llegará más tarde, cuando el dueño del boliche le presente a Víctor Maytland, el director local símbolo del cine condicionado.

-La había visto bailar y enseguida me llamó la atención porque me pareció súper desinhibida-, recuerda Maytland cuatro años después.

-En ese momento estaba preparando Gozando por un Sueño, una versión XXX que parodiaba a Bailando por un Sueño – el concurso más famoso de la televisión argentina- así que la invité para que fuera una de las soñadoras de esa especie de reality porno.

Cuatro años más tarde, en su departamento, Ana también recuerda aquella noche:

-Yo estaba contentísima. No lo podía creer. Era mi sueño hecho realidad pero estaba mi familia, mis hijas. Así que le pedí que me diera un mes para pensarlo y hablarlo con ellos. Me dijo que no había problema y al final, al mes siguiente, probé. Podría haber quedado en eso, probar una vez y ya está. Pero me encantó.

Maytland también quedó satisfecho con su trabajo. Y cómo no estarlo si en el debut Ana ya prometía para el XXX extremo.

-En mi primera filmación estuve con Canú, un senegalés de dos metros de altura; y nadie lo podía creer porque yo era la más chiquita y flaquita de todas. Había más de 50 personas detrás de cámara mirándonos porque llamábamos mucho la atención. Yo, encima, estaba nerviosa, con toda la adrenalina que se siente la primera vez y con miedo de hacer todo mal. Pero al final salió bárbaro-, cuenta mientras toma mate y come una cañoncito relleno de dulce de leche.

Después vendrían, entre otras 30 y tantas, Club Atlético XXX – donde filmó con siete chicos-, La puta de mi madre 2, donde una Ana aburrida en medio de una escena juega con unas bolas de pool dentro de su vagina, o la escena del trío más excéntrica imaginada hasta el momento: un chico gay, una travestí y ella.

Ana se anima a hacer casi cualquier cosa dentro del porno. Eso parece marcar la diferencia con las demás chicas de la escena local. Pero no. No es eso. La relación entre su trabajo y su familia la hacen diferente.

Junio de 2010. 16 horas. Villa Urquiza, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Ana y Mick toman mate en la cama, sobre una frazada atigrada mientras hacen zapping en la televisión de su cuarto. La habitación es sobria, sin adornos extravagantes a la vista. Un colchón quedó apoyado en la pared junto a una repisa casi vacía, donde se destaca un retrato de Ana. En el otro extremo, al lado del placard y junto a la ventana, descansan sobre un perchero las distintas prendas que ella usa en las fiestas temáticas de los boliches.

Aquí mismo, y mientras las chicas están en la escuela y Ana en el gimnasio -donde pasa gran parte del día-, Alberto mira las películas condicionadas que tienen a su esposa como centro de placer.

-Me gusta mucho mirarlas, siempre lo hago solo porque a ella no le gusta. Igual nunca le hago críticas ni nada de eso, porque ella es la que sabe-, cuenta antes de salir de la habitación.

-En casa todos somos grandes y tenemos la mente muy abierta -dice mientras apaga el televisor-. Hablar de sexo en la mesa es normal. A las chicas no les digo ‘Mamá se va a ir a hacer una filmación XXX’ pero saben que filmo, me saco fotos y demás.

Sin embargo, siempre se sintió más cómoda separando su vida íntima de la laboral, y hoy esa división se convirtió en su marca personal. Su marido recién este año pudo acompañarla al set, y como fotógrafo improvisado. Antes sólo se limitaba a acompañarla en las horas previas, ayudándola con la alimentación y los preparativos. Durante la grabación ya todo quedaba a cargo de un asistente.

Tienen una relación particular. Ana asegura que antes era una celosa empedernida pero todo cambio cuando se volvieron swingers.

-Él nunca me hizo una escena de celos. Al contrario, me dio todas las posibilidades de ser quien soy hoy. Yo fui la insoportable -dice sonriendo- pero ahora no. De hecho, si quiere hacer una travesura con alguna amiga, o lo que sea, viene y me lo dice. Pero ya no siento inseguridad porque vivimos muchas cosas juntos y nos une otra cosa que va más allá del sexo. Aparte, yo estoy constantemente con hombres y es obvio que él tiene que estar con otras mujeres. Para nosotros quedan las cenas románticas, los besos, y hacer cucharita toda la noche, que es lo más lindo que hay-, cuenta Ana.

Las cosas tampoco son tan fáciles. Siempre hay que conceder algo, por ejemplo en la relación con sus hijas.

-En el colegio y demás no me muestro mucho con ellas, trato de ser perfil bajo. Ellas saben a qué me dedico pero no me puedo mostrar con ellas, porque a esa edad los chicos pueden ser malos y no me gustaría que les digan: ‘Tu mamá es una prostituta’.

Ese es uno de sus motivos que la ponen a pensar en la idea de plantearse un cambio. Además quiere convertirse en productora de cine porno. Su primera película, que lleva el nombre de Y viciosa, ya viene en camino. Todo ello hace parte de sus planes a futuro.

– Si sale todo bien me voy a dedicar a eso, pero de todas formas al ambiente no lo voy a dejar nunca, participando o estando detrás de cámara. Y si mis hijas más adelante lo quieren seguir, está todo bien. Me gustaría que ellas puedan decir que soy una artista.

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