La genetista financiada por el azar

Publicado: 3 noviembre 2012 en Sandra Lafuente
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—¡Atención que nos jugamos ciento quince mil euros!, ¿eh, parejita? —dice Carlos Sobera, el presentador de Atrapa un millón, el programa de TV donde muchos españoles, cada vez más, buscan llevarse fajos de euros apelando al saber y el azar.

La cámara desciende en picado. A la derecha, el conductor. A la izquierda, dos que se abrazan: los hermanos Luisa y Juan Botella. La parejita que busca llevarse más de cien mil euros. Él es periodista; ella, genetista. Se presentaron al programa con una misión: conseguir los euros necesarios para que Luisa pueda continuar pagando a su equipo de investigación.

Todo el estudio de televisión es un anfiteatro pastel: violáceo, azulado, rosa. Los protagonistas están de pie sobre una plataforma circular cercada por barandas. Sobre una mesa semicircular hay monitores que si responden mal se tragarán los billetes. En una esquina de esa mesa, un montón de billetes: veintitrés paquetes de cinco mil euros. De derecha a izquierda, del último al primero, estos letreros en cada uno de los monitores: “Jugar al baloncesto”, “Leer a Stephen King”, “Ponerse la vacuna del tétanos”, “Tatuarse a Piolín en el brazo”.

—¿Qué podía hacer una persona del siglo XIX? —dice el presentador, leyendo la pregunta en una pantalla más grande.

La respuesta es una de esas cuatro opciones: la boca de uno de esos monitores nunca se abrirá. Comienza a andar el cronómetro.

—A ver: leer a Stephen King no —dice el hermano Botella mientras camina hacia los monitores—. Jugar al baloncesto yo creo que tampoco.
—¿Tatuarse a Piolín en el brazo? Piolín no puede ser —interviene la hermana Botella con voz de mezzosoprano.
—¡Tétanos!
—Tétanos. Puede ser que fuera una de las primeras vacunas —razona ella—. Porque leer a Stephen King… Stephen King es de este siglo.

En 2012, el gobierno de Rajoy recortó un 35% el presupuesto para ciencia y convirtió al Ministerio de Ciencia e Innovación en una Secretaría de rango menor. Ya en 2010 la administración de Rodríguez Zapatero había reducido un 40% los contratos del personal de todos los grupos de investigación del Centro de Investigaciones Biomédicas. Allí trabaja Luisa. Por los recortes se quedó sin técnico de laboratorio. Luisa busca una cura para la telangiectasia (HHT), una alteración genética de las células de los vasos sanguíneos que hace sangrar mucho por la nariz a un millón doscientos mil personas en todo el mundo. La HHT es una enfermedad crónica. Y rara: afecta a cinco de cada diez mil.

Ahora están los dos hermanos repartiendo los fajos entre las pantallas sobre las que dudan menos, sobre las que esperan que no abran sus bocas. Es en lo que consiste todo: cuanto más apuesten al que se mantendrá cerrado, menos dinero perderán.

—¿Jugar al baloncesto? ¿Cuándo se inventó el baloncesto? —dice ella—. ¡Ponle algo al baloncesto!

El cronómetro corre, quedan diez segundos. Luisa, por si acaso, razona también sobre Piolín, hasta que Juan la interrumpe:

—¿Cuánto es lo mínimo para una investigación de la asociación?, pregunta con ambas manos sobre los billetes.

Ella le pasa dos fajos más.

Así han quedado entonces sus apuestas: veinte mil euros al baloncesto; noventa y cinco mil euros a la vacuna del tétanos.

Ella sigue la perorata: cree que sí, que una de las primeras vacunas del diecinueve fue la del tétanos, porque tatuajes, tatuajes han existido siempre, pero Piolín es de los años sesenta del siglo veinte.

La música de fondo incrementa la tensión. Un plano americano muestra a Carlos Sobera con los brazos cruzados y una mueca de cejas levantadas. El cronómetro se detiene en los dos ceros.

—¡Tiempo! —Sobera juega con la tensión—. Bueno, pues hemos hecho bien dividiendo, ¿no? Pero, ¿las vacunas ya existían en el siglo diecinueve?
—Sí, sí —responde Luisa—. Yo creo que las vacunas empezaron en el siglo diecinueve.
—Ahora, la del tétanos yo no lo sé. Tengo que confiar en mi hermana —dice Juan, mirando a Luisa.
—Bueno, tampoco es que sea mi fuerte —replica Luisa.
—¡Comprobamos! —eleva la voz Carlos Sobera.

La noche del 2 de agosto millones de españoles ven en sus televisores a los hermanos en pantalla partida: él con el puño en la boca; ella todavía murmurando. Otro plano cenital de los monitores: la mayoría de los billetes en los tétanos, el resto en el baloncesto.

Se abren las fauces del primer monitor, el de Piolín. Se van cero euros. Se abre la boca del tercero, el de Stephen King. Ningún billete. Luisa se tuerce los dedos.

—Que sea el tétanos. Que sea el tétanos —implora Juan.

Cuando le toca el turno al monitor de la vacuna, los hermanos lo ven tragarse noventa y cinco mil euros. “95.000 € SE VAN”, dice en el monitor.

—Era el baloncesto. Se inventaba en una escuela de Estados Unidos en el año de 1891, chicos, devela el presentador. Solo nos quedan veinte mil ¡Recogemos el dinero!

***

Luisa es vocal científico de la Asociación HHT española. Fue a Atrapa un millón con su hermano menor a buscar fondos para la investigación que sigue hace diez años en el Centro de Investigaciones Biológicas, adjunto al Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España.

La crisis y las medidas de ajuste se llevaron puesto recursos de lo que en España abrevian como I +D: Investigación y Desarrollo. Los presupuestos generales del Estado de 2012 destinan a este renglón unos dos mil millones de euros menos que el año pasado, un recorte de veinticinco por ciento. El Consejo Superior del que depende el trabajo de Luisa Botella tiene previsto terminar el año con diecisiete millones de euros menos que en 2011.

Cuando en mayo de 2010, recortaron los contratos del personal de los Centros de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras, Luisa perdió a su técnico de laboratorio. Se quedó solo con una tesista doctoral que terminaría su trabajo este año.

Por eso fue al programa de televisión favorito de su madre.

La otra pregunta en la que fallaron los hermanos Botella fue una de sentido común: ¿Qué podemos pasar por el control de seguridad en un aeropuerto como equipaje de mano?

Esta vez fueron más cautelosos y pusieron solo un fajo en la opción de la cuchilla de afeitar, porque Juan recordó haber colado una en algún viaje. La respuesta correcta era el cortaúñas, a las que habían puesto los otros quince mil con los que al final se fueron.

Los euros alcanzan para recontratar a un técnico de laboratorio por un año, a partir de octubre.

—No me daban vergüenza ni el público ni las cámaras. Lo único que quería era que no nos fuéramos sin nada, la carga psicológica de decir: si voy a concursar para la asociación y la enfermedad, no quiero irme sin nada—recuerda un mes después, sentada en su despacho de Madrid, Luisa María Botella.

***

Veinte personas fundaron la Asociación HHT España en 2005. Hoy son casi seiscientos. Solo la mitad paga la cuota anual de 100 euros. No hay dinero que alcance.

La sede de la asociación es el laboratorio 109 del Centro de Investigaciones Biológicas. Cada seis meses sus miembros hacen las asambleas en la sala de visitas. El resto del contacto, por internet. Luisa pasa mucho tiempo aquí: escribe artículos especializados en los que explica los hallazgos genéticos y moleculares de la enfermedad y de sus tratamientos, y responde uno a uno a los pacientes que escriben en los foros de la página web de la asociación.

En el suelo del laboratorio 109 hay un par de pantuflas de recambio para cuando está mucho tiempo de pie. Pocos muebles y mbjetos de la experimentación científica: embudos, matraces, vasos, probetas, cajas, tapas, centrífugas, el símbolo de la radioactividad. Y microscopio, claro.

Solo se oye el péndulo de las básculas, hasta que Luisa irrumpe para hablarle a la becaria. Le dice “endoglina”, “KLC6”, “gen regulador”, mientras revisan los cultivos que han hecho hace quince días.

A veces –hoy no- hay jaulas con los ratones. Con ellos, la tesista doctoral hace sus experimentos sobre esa proteína. Esta mañana, en el laboratorio 109 están Luisa, dos tesistas doctorales y la becaria. Para estar muy bien, necesitarían al menos tres investigadores más, pero para eso no hay fondos, dice Luisa. Por lo pronto, la prioridad es la técnico.

Y para eso están los quince mil euros de Atrapa el millón.

Quince mil euros. La cifra por la que el entrenador del Real Madrid, José Mourinho, demandó a un crítico de cine español por llamarlo “nazi portugués”. O lo mismo que cuesta el Elantra 2013, un auto con motor de cuatro cilindros, ciento cuarenta y ocho caballos de fuerza y seis velocidades. Quince mil euros al mes le paga la actriz Halle Berry a su ex marido tras el divorcio.

***

Las primeras apariciones del síndrome de Rendu-Osler-Weber, con esos apellidos entre guiones como homenaje a los señores que primero avanzaron en su identificación, datan de 1896.

Aunque un Sutton habló de ella la primera vez en 1864, y luego un Hanes la llamó Telangiectasia Hereditaria Hemorrágica en 1909, cuando ya hubo determinado que entre sus síntomas había un antecedente familiar, manchitas rosa o púrpura en los labios, la boca, los dedos y sangrado en la nariz.

En los casos más graves, los enfermos de HHT llegan a necesitar transfusiones. A veces también tienen hemorragias en el estómago, otras en el cerebro y los pulmones.

La Telangiectasia, ese nombre que Luisa María Botella tardó un año en pronunciar sin que la lengua tropezara con las primeras sílabas, es una alteración genética de las células que tapizan las paredes de los vasos sanguíneos, ya sean arterias, venas o capilares.

La HHT es lo que la Organización Mundial de la Salud llama una “enfermedad rara”, porque afecta a cinco de cada ocho mil a diez mil personas. En el hospital de Sierrallana de Cantabria, al norte de España, el equipo de un médico llamado Roberto Zarrabeitia ha diagnosticado quinientas ochenta y cinco familias. En el mundo, según la HHT Foundation International, hay aproximadamente un millón doscientos mil enfermos de este síndrome.

Si tu madre o tu padre la tuvieron, hay un 50 por ciento de probabilidad por cada embarazo de que tu hijo la tendrá. En una versión más moderada o más fuerte. Si tienes el gen y superas los cuarenta años, las probabilidades de que aparezca son todas.

Las enfermedades raras suelen no tener cura, son crónicas y con una amplísima base genética. Por ser raras, los diagnósticos tardan mucho, porque son raros también los especialistas. Por ser raras, los medicamentos que podrían aliviarlas se llaman huérfanos: no tienen ni padre ni madre en los grandes laboratorios farmacéuticos, porque el coste de su comercialización, tratándose de tan pocos en comparación con otras patologías, sería más alto que sus beneficios.

Quince mil euros, al lado de los millones que hacen falta, es nada. O casi nada.

***

Los hermanos Verde sangran.

Patrocinio Verde, 57 años, es secretaria de la Asociación HHT y amiga de Luisa Botella: heredó de su tía materna la versión moderada del síndrome. Es también médico de familia, en un centro público de salud.

Francisco, su hermano menor, de 54, estuvo hace un año hospitalizado durante veinte días: heredó de su madre la versión más dura de la enfermedad. Trabaja en la compañía estatal de trenes Renfe, en el centro de operaciones del tren de alta velocidad AVE, atendiendo las incidencias de los viajes Madrid-Barcelona. Su hijo menor, de veintiún años, heredó la versión suave de su tía Patrocinio.

Son, como Luisa, funcionarios públicos. Su gremio, de casi dos millones de trabajadores, ha sufrido rebajas y congelación de salarios y reducción de beneficios. Están en protesta permanente desde el verano europeo.

Los dos siempre cargan encima bolsas de algodón -él de medio kilo- y un rollo de papel para improvisar tapones y meterlos en a la nariz. Francisco, además, va a todos lados con ropa de recambio.

Bostezar, llorar, reírse a carcajadas, emocionarse sin control, son disparadores de la sangría. Estornudar también, pero es menor el sangrado porque se mantiene húmeda la mucosa.

Patrocinio y Francisco cuentan esto sentados una junto al otro en una cafetería del barrio del Pilar, en el norte de Madrid, una mañana de agosto. Con la presencia de su hermana mayor, él se siente confiado para hablar de un tema que lo incomoda.

Patrocinio: Yo tuve una etapa corta, muy corta, sangrando, y ahora llevo muchísimo sin sangrar. Ayer sangré dos minutos, porque estaba acostada. Te levantas, te pones un taponcito y ya está. No como a mi madre y a él.

Francisco muestra la lengua, el labio, los dedos, las manchitas púrpura típicas del HHT.

Patrocinio: Lo peor de esta enfermedad es que te hace vivir permanentemente en alerta.

Francisco: Sí, tu cabeza está siempre pensando, me va a sangrar. Vas al teatro, como me pasó una vez, y antes de entrar empiezas a sangrar. Estás en una comida con amigos… Llegas a plantearte no salgo de mi casa. Se te pone la camisa como si te hubieran degollao. El año pasado eran tres y cuatro veces al día. Era estar tres cuartos de hora sangrando con bastante caudal.

Patrocinio: La recaída de mi hermano fue grave, muy grave, de las más graves que creo haber visto.

El ser humano carga con unos cinco litros de sangre. El año pasado a Francisco le transfundían tres bolsas diarias de su concentrado, y le inyectaban hierro directamente en la vena, porque los vasos de la fosa nasal izquierda no paraban de romperse. Pero terminaba botando la mitad por la nariz. Así que la taponaban.

Francisco: Tenía la cara deformada, tenía toda la cara llena de coágulos. Hasta que la doctora decidió hacerme una operación en una arteria que se llama esfoneidea palatina.

Patrocinio: Esfeno palatina

Francisco: A raíz de eso, ahora la fosa izquierda apenas me da problemas. Como un fontanero entra en las tuberías, ella entró en la arteria, la cortó. Las costras de vez en cuando siguen saliendo y son bastante voluminosas. Cuando sale esa costra, entra un chorro de aire impresionante que puedo respirar.

Ahora le molesta un poco la derecha, pero ya nunca como la otra. Está en una buena racha. Por ahora, Francisco está a salvo de recibir la obstrucción quirúrgica definitiva, aunque estuvo a punto. Toma anticoagulantes que lo ayudan.

Patrocinio: Un enfermo de Rendú es el paciente que nadie quiere ver en una Urgencia. Somos pacientes muy difíciles de manejar. En el fondo, a los médicos no nos gusta que la gente sangre. En el desarrollo de la especie, el sangrado ha sido un símbolo de peligro, de miedo.

***

Luisa María Botella es la mayor de cinco hermanos. Quería ser maestra como su madre Filomena, pero terminó siendo científica. Entró a estudiar Biología en la Universidad de Valencia, en la costa suroriental de España, donde nació y de donde salió su segundo apellido, Cubells.

—Me gustaba mucho la genética, la bioquímica, todo lo molecular.

Es una mañana soleada de julio y Luisa está sentada en su despacho. Hace un mes se grabó el programa en el que ganó los euros junto a su hermano menor. Aunque todavía faltan un par de semanas para que la emisión salga al aire, Luisa ya habló de su participación televisiva un programa de radio.

Su oficina son computadoras, archivadores grandes con protocolos y tesis doctorales, papeles, un gallo portugués, un abrehuecos, dos plantas medio secas en pequeños maceteros. Y, sobre todo, los dibujos de su hijo Adrián en las paredes. Luisa lo adoptó en México en 2000 y ahora es madre soltera con cuarenta y nueve años.

En persona es más menuda: las piernas cruzadas, de tan delgadas, se le enroscan hasta las ruedas de la silla. Del cuello le cuelga el carnet que la acredita como trabajadora de este centro, además de una llave y el teléfono móvil. Esconde el flequillo detrás de las orejas y muestra un rostro prominente, descolorido sin ese maquillaje televisivo. Un anillo abarca la mitad de su dedo índice.

Se recibió de bióloga en 1982. Hizo un doctorado con una beca de Formación de Personal Investigador en el Departamento de Genética de la misma universidad. Aunque no era la especialidad que buscaba, confirmó que ya no podría dejar de intentar descifrar los misterios científicos de la herencia.

Fue después a Suecia a un postdoctorado, también becada, buscando lo que más le fascinaba: la genética molecular. Se quedó tres años. Volvió a Madrid en 1989 para trabajar en el Centro de Investigaciones Biológicas como investigadora en genética molecular. En 1997 entró al laboratorio de Carmelo Bernabeu, que había descubierto una proteína que insistía en aparecer en las células de la pared interna de las venas, arterias, vasos: la endoglina, la misma que se altera cuando tienes HHT. Empezó Luisa con la misión de investigar el gen que guía esa proteína.

En 2001, su jefe, que ya pertenecía a la HHT Foundation International, la envió a un congreso mundial en Tenerife en 2001. Allí escuchó ella lo que hacían los científicos y médicos estadounidenses, ingleses y holandeses.

La Federación Española de Enfermedades Raras se había creado apenas un año antes. No hubo un programa de investigación para estas patologías hasta 2006. Luisa se metía en el desierto.

—Bueno, yo pediré el primer proyecto si tú lo escribes y consigues unos médicos que empiecen a reclutar pacientes de toda España y empiecen a querer interesarse —le dijo Bernabeu.

Entonces encontró a ese otro Carmelo, Carmelo Morales, del hospital de Sierrallana y redactó el proyecto. Morales la ayudó con otros médicos y mandaron el papel al Fondo de Investigación Sanitaria.

Ya han hecho tres programas de tres años desde 2002. En 2005, Luisa María Botella asumió como la investigadora principal. La HHT Foundation declaró a hospital de Sierrallana como centro de referencia, pero todavía no lo ha hecho el Ministerio de Sanidad español.

—Todo en mi vida ha sido perseverancia y me ha costado muchísimo.

***

Filomena, la madre de Luisa María Botella, con sus ochenta y dos años, es televidente fiel de los programas de concursos. Ve Atrapa un millón cada tarde. La mayoría de las veces acierta los resultados desde su sofá.

Un día, al ver el entusiasmo de su madre frente a la pantalla, Luisa dijo por qué no y se animó a probar en el concurso para donar el dinero a su asociación. Entre navidad y fin de año de 2011 hizo la primera llamada al número con prefijo 905 para optar al casting, y dejó su intención en un mensaje grabado. Costo: 1,42 euros, IVA incluido.

Pasaron dos meses y no hubo respuesta. Llegó en febrero el día de las Enfermedades Raras, una ocasión para hablar del tema en medios de comunicación.

Llamó otra vez a ese 905. Mientras esperaba respuesta, Luisa dio entrevistas a varios medios sobre esa enfermedad rara del HHT. Contó a lainformacion.com que estaba intentando llegar al concurso. Al programa Asuntos Propios, de Radio Nacional de España, le pareció curioso y tiró del hilo. Su entonces presentador, Toni Garrido llamó a la científica en directo para que contara la historia, y se comprometió a hacer el puente con Gestmusic, la productora de Atrapa un millón. Diez días después, los hermanos Botella estaban en el casting de Madrid.

Cuando la productora los llamó para grabar en el estudio de Barcelona, Luisa no estaba nerviosa, aunque antes de pasar con su hermano vio a otra pareja perder todo el dinero en la última pregunta.

El casting es un filtro para gente simpática, extrovertida, habladora. Buscan empatía entre las parejas, verbal y gestual: que sean entusiastas, que se toquen, que se abracen cuando aciertan. Eso explica al teléfono desde Barcelona la directora de Atrapa un millón, Montse Claros.

Hay cada vez más aspirantes en España a concursar en el programa. La producción aumentó de dos a cuatro los equipos que hacen castings a diario por todas las provincias.

Puede verse esa inquietud en los comentarios de la gente en el sitio web oficial del programa. Quieren participar porque: están en el paro y tienen que pagar la hipoteca; la mujer de un matrimonio joven quedó embarazada y tienen una única fuente de ingresos; el hermano de un primo se casa y se han quedado sin empleo; necesito operarme por un accidente a los doce años; quiero dinero para ayudar a mamá.

El programa es la franquicia de The Million Pound Drop de Reino Unido y lo transmiten en más de diez países del mundo. Comenzó a emitirse en España, por el canal privado Antena 3, en febrero de 2011, primero en una emisión semanal los viernes en horario estelar, a las diez de la noche. Un millón de euros a repartir, durante dos horas de ocho preguntas. En estas ediciones los fajos eran de veinticinco mil euros. Al millón le dicen “kilo” en español ibérico y de verdad pesaban los billetes: durante las primeras preguntas, cuando todavía eran muchos los fajos, veías a los concursantes tardar valiosos segundos en ponerlos en los monitores.

Dos meses después, recuerda su directora, agregaron la emisión diaria, de lunes de lunes a viernes a las 19:45 y, según Montse Claros, han mantenido una media de 13,5% de la audiencia de esa franja horaria. Hasta principios de 2012 convivieron las dos ediciones, porque eliminaron la emisión semanal del millón de euros, sin que nadie los ganara.

Nadie tampoco ha ganado los doscientos mil en la edición regular. Noventa mil, setenta y cinco mil, sesenta mil es lo máximo que se han llevado. Excepto aquellos doscientos diez mil con los que cargó una pareja en unos programas especiales con famosos en los que se apostaban quinientos mil euros. En Argentina el programa se llamó Salven al millón y lo condujo Susana Giménez. Fue en el único país donde una pareja ganó el bendito millón. De pesos argentinos.

—Estamos estudiando hacer una semana especial de causas solidarias, un poco en la línea del programa que hicimos con la científica, con casos más extremos y más sociales —dice Montse Claros.

***

Una tarde de septiembre, en su oficina, Luisa cuenta que se necesitan al menos un millón y medio de euros para investigar el medicamento que alivia la enfermedad, el raloxiceno, un componente “análogo de los estrógenos” que disminuye los sangrados. La Unión Europea lo declaró como medicamento huérfano en 2010 y avaló su efecto en reducir los síntomas.

Luisa diseñó un proyecto de ensayo clínico con el raloxiceno, de acuerdo con los criterios de la Agencia Europea del Medicamento, que involucra a pacientes de España, Dinamarca, Alemania, Italia, Holanda, Israel, Argentina, Guatemala (estos dos últimos vinculados con la asociación española). Lo ofreció a la farmacéutica Lilly, la que tiene la patente del medicamento hasta 2013. El laboratorio no aceptó, porque después de 2013, una vez que el compuesto comience a venderse de forma genérica, ya no tendrá las mismas ganancias.

Luisa envió el proyecto a la Plataforma de Ensayos Clínicos del Ministerio de Sanidad español (CAIBER) y le dijeron que podrían aprobarle el dinero mínimo para España. Pero desde 2012, dice Luisa, la plataforma está detenida.

Intentó enviar el proyecto al Séptimo Programa Marco de Europa, que tiene un apartado específico para enfermedades raras, pero no se lo aprueban porque necesitan al menos 30 por ciento de participación de una farmacéutica.

Entonces están parados, aunque ya los pacientes diagnosticados en España toman el componente.

Para avanzar en el medicamento huérfano, Luisa tendría que haber llegado sin un solo fallo al final de Atrapa un millón, en su edición original, claro. Porque ¿quién va a invertir esa cantidad de dinero en un medicamento que afecta a poca gente, en comparación con otras patologías?, se pregunta Luisa.

Un millón y medio es lo mínimo. Pero lo que cuesta el ensayo clínico, pagando a compañías externas en todas las fases de investigación, supera los cinco millones seiscientos mil.

Un millón y medio de euros es lo que dice El País que gastó en agosto el alcalde de La Coruña, en Galicia, para las fiestas de la ciudad. O es lo que Televisa les ofreció a Pep Guardiola y Jose Mourihno para que comentaran juntos la Eurocopa de junio.

***

Francisco Verde, el hombre que sangra, prefiere mostrar su oficina del AVE en un día libre, para evitar cualquier situación que lo ponga nervioso y le produzca hemorragias. Es un recinto similar al de las películas hollywoodenses de operaciones militares o espaciales. En el casillero número doce, el suyo, está la ropa de recambio. Sus compañeros inmediatos ya se familiarizaron con su condición y saben que cuando se ausenta unos minutos es porque está en el baño poniéndose algodones.

Ese día Francisco habla muy poco de HHT. Dice que ayer sangró veinte minutos y se mosqueó. Que el viernes tuvo una hemorragia de diez.

—Es que había mucho follón en los trenes.

Dice que todavía está en la buena racha. Entonces habla de la sangre en concreto.

Dice que tiene un sabor acre.

Que fue para él fue vida, en los momentos en los que la perdía tanto.

Y que odia el color rojo

—Cuando veo cualquier color rojo digo, ¡hostias!, ya estoy sangrando. Y a mi mujer que le encanta ese color.

***

La científica asegura que no volverá a concursar en el programa, pero seguirá desafiando nuevas fuentes de dinero. Mientras Luisa espera que le aprueben solicitudes de fondos en fundaciones privadas y un proyecto europeo que posiblemente le permitiría contratar a un investigador más, la junta directiva de la Asociación HHT de España ha decidido buscar otras vías: un concierto benéfico de música tradicional en Canarias, vender a una planta de reciclaje una tonelada de tapones de botellas que una socia de Vitoria ha recogido, si consiguen quien la ayude a transportarlos; quizás una carrera de ciclistas en Madrid.

Y la lotería.

La asociación va a vender billetes con un número para la Lotería de Navidad de este año. En 2011 este sorteo, que se juega cada 22 de diciembre, repartió más de 2500 millones de euros en sus muchos premios.

Y las probabilidades de que te toque la lotería nacional de España en su sorteo de navidad, es de 1 entre 85 mil. Ya si vamos a los premios gordos-gordos, la proporción es de 1 entre 14, 15, 31 y hasta 76 millones.

Luisa ha jugado la lotería por su cuenta a todos los sorteos grandes. Necesitan al menos un millón y medio de euros para investigar el medicamento que alivia la enfermedad.

Ella se conforma con 5 mil.

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