Encierro a la deriva

Publicado: 31 agosto 2013 en Camila Salazar
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A.

El cuarto reo que entrevisto me dice que soy una señal del de arriba. Días atrás, asegura, Dios le dijo que una periodista lo iba a visitar. Sin embargo, el único milagro será que cuando terminemos de hablar yo podré salir a la calle. La libertad, desde adentro de la cárcel es como ver a Jesús caminando sobre el agua. La diferencia es que aquí, la gente se ahoga.

Sansebas queda a mil colones en taxi (unos dos dólares americanos)desde el centro de San José, en Costa Rica, aunque a la mayoría de sus inquilinos el viaje les salió gratis, en patrulla sin ‘maría’. Es un centro penal para indiciados, gente sin condena ni sentencia en firme, personas que según defensores de la seguridad ciudadana, es mejor tener presa que afuera. Son el 25% de la población penitenciaria, una cuarta parte de las 12 mil personas que están tras las rejas en Costa Rica.

Indiciados es tan solo una cuestión de nombre, un eufemismo: “prisión preventiva”, pero prisión a fin de cuentas. Los que entran no saben cuándo van a salir, la espera se vuelve un dimequetediré entre el fiscal, el juez, el abogado y la desesperación que carcome a lo interno, que se deja oír de vez en cuando.

Así, los reos pasan meses, o hasta años, con la esperanza de que un día alguien les diga: “queda condenado por equis años” o, que los reciban con un “queda usted libre, no le comprobamos nada, mil disculpas”.

Lo primero, se lo dirán a, por lo menos, la mitad de los indiciados. El resto se conformará con la absolución por duda: los mandan a la casa con la hoja de delincuencia limpia y la boca cerrada. Las autoridades saben borrar la cárcel de los papeles pero no de la memoria.

Ninguno sabe qué es peor.

La ausencia de relojes en Sansebas es un acto de piedad y compasión, es mejor no llevar la cuenta de los minutos que se escurren entre la pintura ajada. Porque una vez adentro la única opción para que el reloj no se detenga en seco es “aprender a canear” (a golpear para defenderse).

Porque definitivamente la cárcel es como una mujer con el útero estirado de tanto parir. Como una madre que, de tantos parir hijos, omite el proceso de crianza: aquí solo sobrevive el hijo más fuerte.

L.

Cristian es grandote, compacto de gimnasio, tiene 34 años y su pelo es corto, parado y filoso.

Cristian quiso ahorcarse al segundo día de estar preso, arrollándose un pantalón al cuello y colgándose de un calabozo con olor a orines. “Porque ese calabozo pa’ de feria, no tenía servicio adentro, a donde uno mismo orinaba ahí tenía que ‘ormir”.

Eso fue hace dos años. El hecho que lo tiene aquí adentro ocurrió hace tres.

Una oscura carretera en Junquillo Arriba de Puriscal fue escenario de un accidente de tránsito, el cual cobró la vida de un joven y tiene a otro al borde de la muerte”, dijo el diario La Extra.

Homicidio culposo”, dijo la Fiscalía.

Es como si usté fuera aquí y fue a ver un lado y se topó con alguien, y sí tuvo culpa porque no estaba centrado en lo qusté iba pero nunca lo hizo con intención, porque yo hasta a un perrito o un gato me he caído en moto por quitármelo.

Entonces enseña una cicatriz que tiene en el codo. Mueve las manos y deja caer el peso sobre el respaldar de la silla de plástico; repetir la misma historia debe pesar a ratos.

Todas las personas presas con las que he conversado tienen la culpa escondida en el fondo del pellejo y la inocencia es lo único que a punta de empujones escupen por la boca.

No los culpo. Si estuviera ahí metida, yo también le diría a la culpa que no chistara, que se escondiera en mi rincón más profundo, que no se atreviera a salir. Una sílaba en falso y el encierro se alarga.

Inocentes en las cárceles de Costa Rica hay, mal condenados hay, causas mal investigadas también”, asegura Hermez González, presidente de la Fundación Derechos Humanos, mientras mastica las palabras bajo su bigote negro, espeso, que amenaza con convertirse en cepillo.

Para Hermez, que encabeza un proyecto para sacar a las personas inocentes de las cárceles, la falta de dinero le pasa la factura a muchos de los privados de la libertad. “La mayoría son personas de escasos recursos económicos y contratar a un abogado cuesta entre 350 mil colones y un millón de colones” (entre 686 y 1.900 dólares).

¿Y entonces?

Renzo, otro preso que está al lado de Cristian, parece tener la respuesta. Sabe cuidar las palabras porque por un testimonio ya lleva nueve meses en Sansebas. Su exmujer dijo que él la había amenazado con un cuchillo y un revólver. Medicatura forense no encontró marcas en el cuerpo de la mujer. La Fiscalía le puso el nombre de “tentativa de femicidio”. Doce años de cárcel. Ahora está a la espera de una apelación.

Una espera que lo ha dejado flaco y débil, con los hombros apuntando al suelo.Parece Eminem con el pelo negro y lacio bajo una gorra azul, a punto de tirar lírica al estilo moderfoker.

Sinceramente ahorita hay muchas personas indiciadas que están por puro color ‒opina.

Cristian explica:

Como fama de malillo, que la ley piensa que usté no ha sido muy correcto en la vida y aunque usté no haiga hecho algo, por pura fama lo agarran.
Yo soy de Pavas ‒continúa Renzo‒ y todos los días Pavas sale en las noticias, es uno de los lugares más conflictivos. Para la fiscalía todos los que son de ahí son culpables. Ellos dicen que es mejor tenerlos encerrados a que cometan una tragedia en la calle, cosa que no es cierta. Estando en la calle siempre trabajé, yo tenía una microbús, hacía colectivos en Pavas, pasaba todo el santo día breteando, nunca tuve problemas con la ley.

¿De qué color será la conciencia?

G.

Ese día llegué sucio, fue una bendición para mí, porque yo llegué cansao y me acosté a las cinco ela tarde, y en eso suena bum-bum-bum, y yo pensé que eran lo vecino moletando.

Nelson. Todo él es como un tractor, bien tuco, áspero como una piedra pómez. Tiene una voz de caverna que suena igual a un motor en primera tratando de subir una cuesta.

Nadie esté jodiendo que vengo bien cansao, porfavor. Ahora salgo a hablar con ustede.
¡Por favor, Nelson Barboza, venimos de parte de la Fuerza Pública del OIJ!
Mae no estén bromeando, (pensando que eran los vecinos, me dice) que vengo bien agitao, (porque a veces la constru es muy pesada).
¡Por favor salga o le botamos la puerta!
Pensé, ¡qué majadería!, pero no abrí la puerta, me asomé por el huequito y en eso veo a lo’ oficiale y digo: ¡Señor en que bronca me metío, que yo sepa no, pero yo no me voa poner agresivo si no he cometido ningún delito. Le abro y se me queda viendo.

Me mira fijo achinando los ojos, recreando el encuentro con la ley.

Ud es…
Sí, sí digo.
Necesito que nos acompañe para ver si aclara un caso, solo va a salir a firmar y aclarar eso y ya viene.
Y ese “viene”… aquí me tienen todavía.

Han pasado seis meses desde de la denuncia que la hija del vecino le interpuso a Nelson, donde afirmaba que le salía chingo en la cuartería. En su defensa Nelson asegura que eso del exhibicionismo, como dice la acusación, es pura mentira, una cosa insólita. La verdad, lo que menos parece es un showman.

¿Cómo les avisan que les van a prorrogar la prisión preventiva?
Al mes de estar aquí me llamaron y la Fiscalía dice: ‘no hemo revisado bien el caso por tanto la jueza le pide otro mes’… Y uhhhhhggggfff, era como un jincón mío (se lleva la mano izquierda al pecho, al corazón, lo exprime con el puño, como si en verdad doliera)… porque yai es la libertá…

La soledad en Sansebas guillotina, exprime el alma como si fuera una fruta jugosa. Si alguno de estos presos fuera poeta, antes de hablarme le robaría las palabras a Jaime Sabines:

Déjame reposar,
aflojar los músculos del corazón
y poner a dormitar el alma
para poder hablar,
para poder recordar estos días,
los más largos del tiempo.

Ú.

El abogado penalista me invita a armar una torre de naipes.

Si usted va por la calle y ve a un policía detener a alguien, ¿qué es lo primero que piensa? ‒pregunta.
¿Qué algo hizo?
¡Exacto! Entonces esa persona que detuvo el policía es presentada ante un fiscal y con base en lo que el policía le dice, dicta una prisión preventiva. El fiscal lo lleva donde un juez, y el juez piensa, si el fiscal la dictó es por algo, ¡hay que concederla! Y luego el tribunal superior ratifica lo actuado porque, si ya actuó la policía, el fiscal y el juez, no queda otra que confirmarlo‒, explica Luis Alonso Salazar, con pelo de perro ovejero.

En la lógica del penalista la sentencia judicial es jugar teléfono chocho. La burocracia de los tribunales es una vieja de patio que apunta con la uña larga, capaz de sacar sangre, que enseña la lengua venenosa y letal.

En la práctica la prisión preventiva es parte del diario vivir de los tribunales y se ve sin mucho reparo, a la ligera. A los jueces les da miedo resolver poniendo gente en libertad. Si lo detuvieron algo hizo…. Todos se van pasando la bola sicológicamente”, agrega.

Según el Código Penal costarricense esta medida es como una carrera en la que no hay vuelta atrás hasta completar la primera fase. “Durante los primeros tres meses, después de que se dicta una prisión preventiva, no se puede apelar, porque el Código no da ese recurso. El Ministerio Público, irresponsablemente, no se presenta a solicitar que cese, aunque la persona ya no ocupe la prisión”, sentencia Salazar.

El castillo de cartas que tengo en frente, se derrumba a punta de susurros.

N.

¡Muchacha, ayúdeme por favor!

Suplica, implora, junta las manos y me mira con ojos de vidrio frágil a punto de hundirse entre el desierto oscuro de su cara. Si el suelo fuera arena movediza, Ezequiel tendría solo la cabeza afuera.

Hacer cuentas es inevitable. Tiene 26 años, lleva dos en la cárcel. Si lo sentencian, pasaría 48 años encerrado. El delito: violación, robo, secuestro y asalto.

Esto es como morir lento.

Cualquiera quisiera ser de acero cuando la bacteria comecarne se insertó bajo la piel.

Mientras reconstruye su historia, cada dos frases repite despiadada injusticia, esto e’ una inmoralidá o yo estoy impaKtao. Cuenta que lo pusieron entre cinco sujetos y un oficial dijo que él era el que más se parecía, que le suplicó a Aryery, la defensora pública, durante un año para que lo llevaran a medicatura forense, que la novia que venía a visitarlo se enojó con él por el teléfono, que está hablando con una ex para que venga a hacerle visita conyugal, pero la agarraron con droga y ahora está en la cárcel de mujeres.

Cada palabra que suelta es un latigazo que lo marca como si fuera una vaca indefensa. Un desahogo medicinal que lo hace ver aún más flaco, encogido como una pasa.

¿Qué es lo que más extraña?

Se endereza en la silla, mira el cielo raso percudido, sonríe. Desempolva el recuerdo del fondo de su memoria.

Ir al río, a la playa. Yo vivía en Tortuguero….Iba a la playa, a qué se yo, a tomarme unos traguillos, ir con los compas al cerro, ¿usté conoce el cerro? Porque en el cerro uno se para en la loma en la pura punta y no se ve’l mar, viera que curioso, a mí me gustaba mucho ir ahí arriba… Cuando llegaban los turistas, les hablaba, sí, sí, yo les preguntaba a veces cómo se llamaban… Viví como seis meses, me vine a trabajar en una finca en Guácimo y me volví a ir… Me gustaba el ambiente ahí, el aire, el mar, respirar aire puro…..
¿Y cómo es el aire aquí?

Mi pregunta lo baja del cerro. Golpe en seco. Vuelve a ser pasa.

Nuuuuuuummmbreees, no muchacha… sabe que yo le doy gracias a Dios que yo estoy en el pabellón de arriba, porque si yo estuviera en el de abajo, uno se asfixia, ahí se muere uno.

¿Cómo se verá el mar desde la cárcel?

D.

Si hay más gente que la que cabe en un cuarto la lógica diría que se respira menos, porque el aire per cápita disponible se reduce. En la jungla carcelaria uno de los depredadores más temidos es el hacinamiento; 46 presos en Sansebas se reparten el oxígeno que hay para 24. No es cuestión de vida o muerte, es aprender a vivir a medias…

Conformarse con migajas: tener sexo autorizado durante cuatro horas una vez por semana y que le pongan el nombre de visita conyugal; obviar el ajuste inflacionario y convencerse que 100 colones es una fortuna dentro de este principado custodiado por candados; que 100 colones no es mala paga por lavar una camisa, por limpiar mierda ajena regada en un baño; que es mejor escupir la gripe a punta de tos que esperar a que el único doctor en la cárcel les de una cita…

¿Y el tiempo, cómo lo cuentan?

Nelson se queda pensando.

Aquí solo pasa el día y la noche.

La matemática carcelaria es un lenguaje con una regla única: aquí lo que no suma, resta.

Í.

De Puriscal a SanSebas hay 18 kilómetros.

Cristian no lleve esos zapatos, ahí mismo se las quitan los maleantes ‒me decía una amiga mía que es policía.

Un cuñado mío me trajo unos zapatos que estaban todos rompidos ahí (me enseña la suela), y me ‘ice ‘esos son apenas’. Y yo dije: ¡uy pa onde voy yo!, yo me vía así com’ un pordiosero. ¡Vieras mae!, (le dice a Renzo) ¿usté no me vio cuando yo entré? ¿No? ¡Oiga! con un pantaloncillo que se me caía y con una camisilla toda hueca y toda fea, vieras que vergüenza cuando llegué, por pasar por todo lao”.

Hace una pausa. Se come las uñas, los dedos jupones lo delatan.

Nunca es igual esto a estar afuera acostumbrado a trabajar y ganarse su platita y tener la doña bien y la chiquita y acostarse y calientico uno y comer comidita de la quiuno le preparan con amor verdad y todas esas carajadas… Y tener metas, en este mes voy a hacer tanto… ya en esta época yo había comprado los regalos de Navidad y estaba uno con la ilusión… muchas ilusiones sí las pierde uno… Yo tenía una vida bonita…”

El presente es un respirador artificial cuando se empieza a ver la vida en pretérito.

A.

Se levantan a las siete. Café. Lavar baños. Salen al patio. Un poquito de sol. Caminan. Conversan. Algo de ejercicio. Llamada telefónica. Almuerzo. Tarde. Noche. 7 a.m.

Voy a ir a tomarme un fresco, voy a comprarme ropita pa verme más bonito, voy onde el peluquero a peluquiarme.
No puede.
¿Por qué?
Porque aquí está en la cárcel.

El monólogo de Ezequiel es un síntoma colectivo.

La mayoría tiene la resignación asfaltada en la mirada, pero Ezequiel me ve diferente. Me ve como si quisiera sacarme la compasión del torrente sanguíneo y aferrarse a ella como se aferra un chiquito a un helado en los desfiles.

Si lo condenan, cuando salga de la cárcel, los jueces que dictaron sentencia van a estar muertos, él va a ser un adulto mayor, el cerro de Tortuguero seguirá ahí quieto.

Hubiera sido mejor que me hubieran pegao un balazo en la jupa, nononono, mejor hubiera sido que me mataran y no me hubieran hecho esto ‒niega con la cabeza, con las manos juntas sobre el regazo.
Ya estoy crucificado presagia.

Cuando Jesús caminaba sobre el agua, Pedro le dijo desde un barco: “Mándame hacia ti andando sobre agua”. Él le dijo: “Ven”. Pedro bajó de la barca y se echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo y empezó a hundirse.

En esta historia todos son Pedro y le gritan a Jesús. Desde el fondo de este mar de cemento que es en Sansebas, si de milagros se trata, el único que necesitan es el de la resurrección.

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comentarios
  1. infelipe dice:

    Es una lástima que la burocracia esté presente en cada esqueleto representante de la justicia. Esos eufemismos enmarcan una viva presencia de exclusión a los sectores desfavorecidos. Me gustó la narrativa. Te invito a pasar por mi blog: http://infelipe.wordpress.com/

  2. infelipe dice:

    Algún día, como lo planteas en forma de intertítulos, saldrán de esas jaulas. Claro, de manera subjetivo es lo que percibo. Interesante forma de plasmar intertítulos.

  3. infelipe dice:

    Me gustaría contactar a la periodista que hizo este trabajo.

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