Un disidente cubano en Chile

Publicado: 6 abril 2014 en Pedro Bahamondes
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En la cocina de una casa en Batey Cruz, a 50 y tantos kilómetros al sur de La Habana, un matrimonio cubano sostuvo un diálogo que difícilmente podrían olvidar.

—¿Irás a buscar los vegetales para preparar el almuerzo? –preguntó ella.
—No, no creo que comamos esos vegetales. Hoy mismo me tomarán preso –contestó él, José Ubaldo Izquierdo.

Eran las 11 de la mañana del miércoles 19 de marzo de 2003.

***

El aeropuerto de Pudahuel estaba particularmente frío la madrugada del 4 de agosto de 2010, cuando ocho cubanos atravesaron Policía Internacional hasta la comitiva de Cancillería y el senador DC Patricio Walker. Eran seis adultos, dos niños. Entre los primeros estaba José Ubaldo Izquierdo –hoy de 48 años–, uno de los 75 disidentes cubanos que en 2003 fueron tomados presos y sentenciados a 16 años de prisión por discrepar ideológicamente con el gobierno castrista.

Lo acompañaban su mujer Yamilka Morejón y sus tres hijos, Jennifer, Mari Karla y Alejandro. También sus suegros y un sobrino. El primer estrechón de manos fue entre José y el senador Walker, el anfitrión de aquel encuentro.

Luego, esa mañana, vino una conferencia de prensa. Mucho se sabía sobre el también cubano disidente Orlando Zapata y la huelga de hambre de 86 días que acabó con su vida el 23 de febrero de 2010. Muy poco, en cambio, sobre los presos que lo vieron consumirse. José fue uno de ellos.

***

Durante 18 años, José trabajó como almacenero, hasta que en 2002 fue despedido por razones políticas. Se sabía de su militancia en el Partido Liberal, contrario al oficialismo cubano. Pero ese mismo año, gracias a un programa de becas mediado por la Embajada de Suiza en La Habana, tomó un curso de Periodismo por internet en la Universidad Internacional de Florida. Así llegó a ser reportero en el Grupo de Trabajo Decoro, que alimenta al sitio de noticias Cubanet.org, administrado por detractores al gobierno y que viven en EE.UU.

Se dedicó a cubrir noticias en la ciudad de Güines, donde creció e hizo su vida con Yamilka, su segunda esposa y miembro de las Damas de Blanco, la agrupación femenina que lucha contra el encarcelamiento y la persecución política en la isla. Trabajando en la calle, José sólo reafirmó sus ideas y su descontento con la realidad cubana.

Pronto, su nombre ingresó a la lista de los rastreados por militares. José fue detenido cuatro veces en un año. Y luego, para la celebración del día de la Virgen de Santa Bárbara, el 4 de diciembre, en Güines fue embestido por la espalda por un automóvil de Seguridad Nacional mientras volvía a su casa. Más tarde, durante la noche, una lluvia de piedras cayó sobre su casa.

***

El 18 de marzo de 2003 corrió la noticia de que Fidel Castro había ordenado detener a varios disidentes. José sabía que lo buscarían.

Al día siguiente, su hermano Alejandro lo despertó. Por los alrededores se habían instalado motos de Seguridad Nacional montadas por militares. “Creo que te están vigilando”, le dijo. José lo ignoró. Se levantó y fue a la cocina. Fue entonces cuando su mujer le preguntó:

—¿Irás a buscar los vegetales para preparar el almuerzo?

José visitaría a un amigo agricultor esa mañana. Allí conseguía más alimentos, pues la cartilla de racionamiento mensual no le alcanzaba para alimentar las ocho bocas que comían en su mesa. Pero antes quiso llamar a La Habana para saber qué pasaba.

Cuando llegó al teléfono público del almacén, y antes de poder marcar, tres militares se le pusieron en frente. Fue esposado y detenido.

Desde marzo de 2003 hasta el día de su liberación, el 23 de julio de 2010, estuvo en varios calabozos e internado cinco meses en el Hospital Militar en La Habana por las úlceras y la gastritis crónica que lo afectan desde los 11 años.

En medio de los dolores de ese tiempo, si hay algo que José recuerda hoy con emoción, sentado en la terraza del supermercado en Las Condes donde trabaja como guardia y reponedor durante seis veces a la semana, es que durante su presidio se convirtió en padre por tercera vez. En una de las visitas conyugales a la cárcel, su mujer quedó embarazada de Mari Karla, hoy de siete años.

***

Su esposa es, según José, “la heroína de las mil batallas”. De no ser por ella, quizás la posibilidad de llegar a Chile ni siquiera hubiera existido. Su mujer, quien actualmente trabaja como vendedora en una zapatería en un mall en La Florida, pertenece a las Damas de Blanco y mientras José estuvo preso se contactó con varias embajadas tanteando opciones, hasta dar con la chilena.

A mediados de 2010, y cuando ya se rumoreaba que José sería liberado en La Habana y expulsado a España –tras varias interpelaciones de la Iglesia católica, lideradas por el Papa Benedicto XVI–, el senador Patricio Walker tomó contacto con la agrupación de mujeres cubanas. Habló con Yamilka, después con el canciller Alfredo Moreno, y luego, éste último con el presidente Sebastián Piñera. José se convertiría en el primer cubano refugiado político en Chile.

“El (Patricio Walker) conversó directamente con Berta Soler, líder de las Damas de Blanco. El sabía de mi caso y que yo era inocente. Le planteó la idea de refugiarme en Chile al presidente Piñera a través de la Cancillería. El accedió de inmediato, y todo el asunto se dio en solo unos días”.

***

Para cuando José y su familia arribaron a Chile desde España –adonde viajaron junto a otros 20 disidentes liberados el 23 de julio de 2010–, Soledad Alvear, Gutenberg Martínez, Patricio Walker, Ximena Rincón y la asistente social de la Fundación de Ayuda Social de Iglesias Cristianas (Fasic), Elizabeth San Martín, tenían todo listo para ellos. El mismo 4 de agosto, los cubanos fueron trasladados a la que sería su casa durante un año, subsidiada por el Estado, en Maipú.

Pero durante la primera semana en su nuevo hogar, José sintió un golpe en la puerta de entrada. Cuando la abrió, encontró un paquete de cera envuelto en llamas. Tras su denuncia, un vehículo de la PDI rondó la casa durante días.

“También ocurrió en otra ocasión: para la visita de Raúl Castro en enero del año pasado, varios compatriotas fuimos a expresarnos a Plaza Italia. Solo recibimos improperios. Lo mismo pasó cuando asistimos a un homenaje en memoria de Orlando Zapata. Sabemos que fueron militantes del Partido Comunista”, comenta.

A pesar de esos episodios, la nueva vida iba bien. Desde su llegada y por un año, recibió $800 mensuales para gastos, además de asistencia médica gratuita en el Hospital San Alberto Hurtado, matrículas para sus dos hijas en el colegio Hermanas de la Providencia de Maipú y asesoría para obtener la visa permanente de residencia definitiva en el país, la que obtuvo un par de meses después. Todo corría por cuenta de Cancillería y Fasic.

Con el tiempo, y tras encontrar su primer trabajo como reportero en una radio en Isla de Maipo, José y su familia comenzaron a disfrutar de la nueva vida: internet, tv cable, el metro, restaurantes buffet, el supermercado.

Algún día, dice José, le gustaría militar en la DC, pues mantiene estrechas relaciones con Patricio Walker y Soledad Alvear. Con ellos se reúne a veces a tomar un café, a conversar, a discutir política. Cuenta que les ha dicho que no le parece la alianza con el Partido Comunista en el pacto Nueva Mayoría. Y que tampoco le gusta Michelle Bachelet.

—¿Cómo te defines políticamente?
—Soy anticomunista y anticastrista. Y una cosa tiene que ver con la otra, irremediablemente. Fidel Castro traicionó al pueblo cubano, porque cuando triunfa
la Revolución y se logra sacar una dictadura del poder, él instaura otra.
—¿Volverías a Cuba?
—Una de las cosas que más extraño de Cuba es a mi madre. Ella no quiso venir, tiene 86 años, está muy anciana. Quiere morir allá. De todos modos, pude tenerla conmigo para el Día de la Madre este año. Juntamos unos pesos con mi mujer y la trajimos.

Esa tarde celebraron a la chilena. Asado, ensaladas, incluso vino. Los vecinos de su nueva casa, en la avenida Pajaritos, dicen que José se ha convertido en un pequeño oasis cubano de rumba y danzón entre tanto reggaetón y bachatas del barrio. Por las ventanas se oye la música, y desde la cocina se cuela el aroma de la comida de la isla. Quien pasa y se acerca, puede notar también esa especie de santería presente en el lugar, donde permanece la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, la misma a la que le rezaba durante los ocho años más difíciles de su vida. De una de las paredes del living, como es tradición, cuelga una bandera cubana. Esta vez junto a una chilena, bajo la foto presidencial.

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comentarios
  1. Jorge Leonel dice:

    Excelente artículo

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