Julio Velarde, el discreto protagonista del milagro peruano

Publicado: 5 enero 2016 en Luis Felipe Gamarra
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En septiembre de 1991, mientras el país intentaba recuperarse de la debacle económica del primer gobierno de Alan García, en medio de apagones y  coches bomba, llegó al Perú una comitiva del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con el objetivo de negociar el pago de una deuda de US$450 millones, cuyo retraso ponía en peligro la reinserción del Perú al sistema financiero global. El Ministerio de Economía, encabezado entonces por el economista Carlos Boloña Behr, estaba quebrado, con fondos apenas para sostener el aparato estatal. Entonces, la única entidad solvente para cumplir con aquel compromiso era el Banco Central de Reserva (BCR), pero no era tan simple. Entre las reformas emprendidas para frenar la crisis inflacionaria, se contempló la modificación de los estatutos del banco, para que este dejara de otorgarle préstamos a otras entidades públicas, porque en la práctica se convertían en subsidios disfrazados de créditos blandos. En busca de una salida, Ricardo Lago, representante del BID en el Perú, solicitó una cita con los altos funcionarios del BCR. Sentado en el Salón Ayacucho, en el Hotel Cesar, en Miraflores, Lago se encontró con Javier De la Rocha, gerente general del BCR. A los pocos minutos, Martha Rodríguez y Julio Velarde, directores del BCR, así como de Renzo Rossini, gerente de estudios económicos del BCR, se sumaron a la reunión. Velarde no estaba convencido de la operación. “Si el BCR le prestaba el dinero al MEF, a través de un crédito puente, éste no le devolvería el préstamo”, aseguraba Velarde. No obstante, para hacer más atractiva la propuesta, pensando sobre todo en que los caños de la banca multilateral no se le cerraran otra vez al Perú, Lago les ofreció incorporar en la cartera de créditos del BID un proyecto de capacitación técnica, con un fuerte desembolso, dirigido al BCR. “Eso es inaceptable, si tú crees que se necesita dicha asistencia técnica, está bien, pero de ninguna manera la condiciones al crédito del BCR al MEF. Esa es una decisión soberana del directorio del BCR. Parece un ‘soborno’ y eso es inaceptable”, le respondió Velarde.

Para aquel entonces Velarde no era cualquier funcionario público. Como asesor del primer ministro de Economía de Fujimori, Juan Carlos Hurtado Miller, tenía un papel importante en la reinserción económica del Perú. Participó en el diseño del Plan de Estabilización Económica, aquel programa feroz que Hurtado Miller presentó en cadena nacional durante el horario estelar del 7 de agosto de 1990, un mensaje inolvidable no solo por la frase con la que cerró -“que Dios nos ayude”-, sino porque anunció que a partir del día siguiente los precios de los productos más básicos de la canasta familiar se multiplicarían hasta por 30. Velarde, católico por convicción, estaba al tanto de los costos sociales del programa, sobre todo para los más pobres, pero como economista ortodoxo estaba convencido de que era la única salida para estabilizar los precios. Por ese motivo, delante de Lago, Velarde se opuso a que el BCR le prestara recursos al MEF, acción que habría significado un retroceso costoso en el camino por recorrer. Después del 28 de julio de 1990, Fujimori nombró al economista Jorge Chávez como presidente del BCR, pero este no se incorporó al ente emisor sino hasta fines de año porque se encontraba en la Universidad de Oxford, concluyendo su doctorado. Por ese motivo, durante la primera etapa del plan, como director del BCR, Velarde participó en la definición de la política monetaria. Bajo su liderazgo, el BCR paró en seco los créditos al gobierno, unificando el tipo de cambio y decretando su flotación, estableciendo las bases para crear un mercado de dinero. Gracias a estas medidas, que contaron con el aval del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, se estabilizó en pocos meses el tipo de cambio, así como el nivel general de los precios. “Fue un ejercicio de libro de texto”, dice Lago, quien recuerda la determinación de Velarde al defender el programa en el consejo de ministros, tres días antes del mensaje de Hurtado Miller. Aquella tarde del 4 agosto de 1990, los ministros estaban al tanto de lo que ya se denominaba el “fujishock”, por lo que Hurtado Miller los convocó para convencerlos.

Velarde, con esa voz estentórea que lo caracteriza, explicó el plan en cifras, porcentajes y proyecciones, una sucesión de números grises, insoportablemente opacos para los que no están familiarizados con teoría monetaria ni modelos económicos, pero lo hizo con tal seguridad que fue difícil escucharlo sin sentir que estaban encomendándose a un cirujano inexpresivo pero de manos brillantes. Después de aquella reunión, que se extendió hasta la media noche, Velarde logró que todos votaran a favor del plan. El MEF no giraría ni un cheque más allá de los ingresos fiscales del día a día, equilibrando el presupuesto y sincerando los precios de los servicios públicos. Como resultado, la inflación, que en 1990 alcanzó los 7.650%, bajó a 139,2% en 1991, para descender más tarde a 6%. El Producto Bruto Interno (PBI), que tuvo un pobre desempeño entre los años 1990 y 1992, con una caída promedio de 0,8%, alcanzó una tasa de crecimiento promedio de 7,2% hasta 1997. La autoridad que impuso Velarde para definir una política monetaria clara, precisando la intervención del BCR en el mercado cambiario. El 5 de abril de 1992, tras el golpe de Estado, Velarde, como la mayoría de altos funcionarios del BCR, renunció al directorio. Volvió al BCR en el año 2001, bajo la presidencia de Richard Webb, otro destacado economista formado en las canteras de la institución. Irónicamente, en septiembre de 2006, durante la segunda administración de Alan García, Velarde fue nombrado presidente del BCR. Si antes le tocó corregir los errores en política monetaria del ex presidente, ahora le tocaría velar por controlar la inflación en medio de su exceso de entusiasmo con el gasto público. Entonces, la inflación se mantenía en el rango meta de 2,5%, mientras que las reservas internacionales sumaban US$17.200 millones. Para el año 2009, en plena tormenta de la crisis global, la inflación escaló hasta 6%, pero se mantuvo en el orden de 3% durante la última década, ubicando al Perú como uno de los países con menor inflación de América Latina. Las reservas, que alcanzan los US$65.0000 millones al 2015, nos sitúan en el tercer lugar en el ranking regional.

Después de ocho años al frente del BCR, sin ningún escándalo de malos manejos ni de errores garrafales en el manejo de la política monetaria, sino todo lo contrario, queda claro que  Velarde no parece estar impulsado por intereses personales o por cálculos políticos. Más allá de las conferencias periódicas que hace o por las escasas entrevistas que da en televisión, donde solo habla de porcentajes, sectores y proyecciones, no destaca precisamente por hablar de sus logros, que no son pocos, ni por retar a sus contrapartes en el MEF. En esta última década, ha destacado por mantener una relación de respeto con siete ministros de Economía, cada uno con un perfil diferente, con los que ha compartido la conducción de la economía. Es raro encontrar, salvo contadas excepciones, a economistas o empresarios que critiquen su labor al frente del ente emisor. Adjetivos como “piloto de lujo”, de Richard Webb, o “el verdadero garante de la economía”, de Christian Laub, no lo sacan de ese papel secundario que le gusta tener en el reparto, pese a ocupar un lugar protagónico en la transición de la economía peruana al grado de inversión. Pero su cautela ha sido recompensada por el sector privado, que le otorgó 93% de aprobación en la Encuesta a los Líderes en CADE Ejecutivos 2014, convirtiéndolo en el funcionario público más ovacionado por la clase dirigente. Por eso, si hubo una acción que restableció la confianza empresarial en 2011 tras la victoria presidencial de Ollanta Humala, que provocó la caída de la bolsa peruana en 16 puntos, fue la decisión de su gobierno de mantener a Velarde en la presidencia del BCR, incluso antes de terminar de nombrar a sus ministros, sacando del tablero a Óscar Dancourt, exdirector y exvicepresidente del directorio del BCR, enfrentando a Humala con su primer equipo de técnicos.  Pese al último enfrentamiento por el incremento en 6% del salario del presidente del BCR, que se discutió desde hace dos años en el Congreso, Humala no podría estar más que agradecido. En 2012 Velarde recibió el premio Bravo de la Revista LatinTrade al mejor banquero central de América Latina. Un año antes, la Cancillería lo reconoció por sus aportes en la difusión de las oportunidades de inversión en el Perú. En 2010 la prestigiosa revista financiera Emerging Markets lo eligió como el mejor banquero central de América Latina. “Se ha ganado a pulso el reconocimiento internacional como uno de los banqueros centrales más destacados de su época. Se va a convertir en personaje legendario de la política monetaria peruana. Me aventuraría a decir que es el único banquero central, posiblemente de la historia, que ha parado una hiperinflación (1990) y ha prevenido una deflación (2009)”, dice Ricardo Lago.

Hombre tímido en grandes grupos de personas, se ha rodeado de profesionales de confianza con talento, con Renzo Rossini, gerente general del BCR desde el año 2003, como el más veterano de sus colaboradores. Martha Rodríguez, probablemente una de las personas que más conoce de política monetaria del Perú, es otra de sus más cercanas amistades, con quien comparte créditos en numerosas investigaciones académicas. Exmilitante del PPC, se le vinculó sentimentalmente en el año 2001 con la lideresa del partido Lourdes Flores, pero pronto él se ocupó de desmentir dicho rumor. Parco y huidizo, disfruta muchísimo de leer, escuchar música, beber buenos vinos, aprender y entender, actividades que, en un hombre con su experiencia, conocimientos y recorrido, se realizan probablemente mejor en soledad.

El banquero celebrity

Como señalan los economistas del BCR Paul Castillo y Carlos Montoro, una de las características de la economía peruana es que esta está parcialmente dolarizada. Si bien el nivel es menor al de décadas atrás, la dolarización hace más difícil y complejo para el BCR alcanzar sus metas de estabilización de precios e influir en las tasas de interés, básicamente porque la mitad de la economía funciona con monedas que no emite. “El grado de dolarización en la economía peruana sigue siendo alto comparado con otras economías emergentes que conducen sus políticas monetarias bajo el esquema metas de inflación. Por consiguiente, un reto todavía presente para el BCR radica en cómo implementar su política monetaria en un ambiente con dolarización parcial”, señalaron Castillo y Montoro en un artículo de la revista Moneda, editada por el BCR. Precisamente, por ese motivo, la política monetaria del Perú representa un caso de estudio e investigación a nivel internacional, por lo que Julio Velarde es invitado a numerosos foros internacionales. “Él se reúne periódicamente con banqueros centrales de la talla de Ben Bernanke (expresidente de la FED de Estados Unidos) o Janet Yellen (actual presidenta de la FED) en reuniones anuales, entre las que se encuentra el Simposium de la Reserva Federal de la Ciudad de Kansas, que reúne a los funcionarios y presidentes de bancos centrales de todo el mundo”, afirma una fuente del BCR. Tan importantes son estas cumbres de banqueros centrales, que en 2008, durante dicha reunión, Bernanke anunció los paquetes de flexibilidad monetaria I y II que implementaría la Reserva Federal de Estados Unidos para intentar enfrentar una crisis financiera sin precedentes.

Aquellos que lo han acompañado en estos viajes, describen un cuadro de timidez en reuniones donde hablan muchas personas a la vez. Pero, cuando los encuentros son menos numerosos, o de uno a uno, dicen que Velarde se expresa con bastante fluidez a través de un perfecto manejo del inglés, por lo que muchos gestores de algunos de los fondos de inversión más grandes del planeta solicitan tener reuniones personales con él pues, se sabe ya, que a puerta cerrada dice algunas cosas que no diría en público o en reuniones más grandes. Entre los años 2012 y 2014 viajó varias veces con la delegación público privada InPerú, para a visitar inversionistas en países como Alemania, Reino Unido, España, Corea, China y Kuwait, donde se reunió con decenas de empresarios y autoridades monetarias. En estos espacios, Velarde absorbe conocimientos que lo acercan más al sector de los mercados financieros, que cada vez influyen más en la economía real, y que inmediatamente incorpora a su base de datos. A su regreso al BCR, en sus reuniones semanales con el quipo que supervisa la economía mundial, más que escuchar los informes, él se ocupa de presentar su propio reporte. El economista Pablo Secada, quien fue su alumno en la Universidad del Pacífico, recuerda que una vez, mientras un compañero mencionaba un documento de estudio, Velarde lo corrigió y citó de memoria la llamada y la cita bibliográfica de ese documento, línea por línea, y con número de página y año de publicación. Durante el diseño de lo que se conoció como el Plan Amaru, presentado por Santiago Roca, uno de los efímeros Siete Samuráis de Fujimori, Velarde, invitado a la cita como asesor de Hurtado Miller, tomó una tiza para destrozar el plan en la pizarra sin que ninguno de sus autores pudiera argumentar en contra de sus observaciones.

Allá por los años ochenta, cuando quiso entender a fondo el problema del sector agrario en el Perú, Velarde fue a todas las librerías y bibliotecas, se compró o pidió prestado todos los libros que había al respecto y se encerró en su casa a leerlos. Al cabo de una semana de estudio, sabía más del agro que muchos especialistas con años de experiencia en el sector. Y no se ufanaba de ello ni esperaba reconocimiento alguno por sus conocimientos. “Lee mucho y siempre está al día con lo último del saber de su sector y lo, más importante, lo comparte”, señala uno de los directores del banco. Uno podría esperar que un funcionario público con un perfil como el suyo pudiera perder fácilmente la perspectiva y considerarse a sí mismo una especie de gurú cuya palabra final es la definitiva. Pero nada más alejado de la verdad. Quienes trabajan con él en el día a día señalan que una de sus principales características es que cada vez que uno se presenta en su oficina para hacer un reporte de su área, Velarde interrumpe con sencillez completando las cifras, dejando en claro que él está dos o tres pasos por delante. Su conocimiento de música y literatura complementan una personalidad que algunos califican de genial.

Los genios están locos

El intenso olor a cigarro que sale de la oficina del profesor Jürgen Schuldt impregna el primer piso del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP). Sentado en su sillón, rodeado de sus libros de estudio, Schuldt recuerda a Velarde con un solo adjetivo: brillante. Sus resultados académicos no eran para menos. En 1969 ingresó en el primer puesto a la Universidad Pacífico. Paralelamente postuló a la Universidad Nacional de Ingeniería, donde alcanzó el segundo lugar de 6000 postulantes. Durante sus años de estudiante, Velarde obtuvo el primer lugar todos los años, por lo que se graduó en 1974 con el premio especial Robert Maes, con el que se reconoce a los alumnos más talentosos y con futuro prometedor. Tras acabar sus estudios de doctorado en la Universidad de Brown, Velarde regresó en 1978 como investigador del CIUP, desempeñándose más tarde como profesor de Teoría Monetaria en diferentes periodos, llegando a desempeñarse como decano de la Facultad de Economía. Entre sus exalumnos están Miguel Palomino, director el Instituto Peruano de Economía (IPE), Gianfranco Castagnola, presidente ejecutivo del Grupo Apoyo, Mercedes Araoz, exministra de Economía y Carlos Casas, exviceministro de Economía. Este último lo recuerda con tres adjetivos: desordenado, distraído y genial. “Todos los genios están locos”, dice el economista, actual profesor principal del Departamento Académico de Economía de la Universidad del Pacífico, exjefe de prácticas de Velarde. Para Casas, Velarde no era un apasionado de la forma sino de la exactitud. No eran pocas las veces que en vez de coger su cigarrillo agarraba la tiza, terminando con la boca manchada de blanco, pero cuando se trataba de analizar un informe era implacable. “No se fijaba en que faltara o no una coma o dónde, sino en que el texto dijera algo cierto y novedoso. En esa época existía aún el papel continuo y yo le llevaba mi tesis impresa para que me dé su opinión. Él me la devolvía llena de anotaciones, machas de café y huecos de cigarrillo”, recuerda Casas. Velarde era un gran consumidor de cigarrillos, de café, placeres que ha debido aprender a moderar por salud.

Como sus clases eran enredadas por la cantidad inmensa de información que manejaba, Casas, como su jefe de prácticas, se encargaba de aterrizar los conceptos sofisticados para que los alumnos procesaran la clase. “Era muy despiadado y sin embargo abierto y bromista”, recuerda la exministra de Economía, Mercedes Araoz. “La gente le tenía miedo porque su curso era difícil y él era un profesor muy exigente, se burlaba de ti cuando preguntabas muchas veces la misma cosa, pero a diferencia de otros profesores te animaba a preguntar y te explicaba hasta que entendieras”.  Un día, luego de que Mercedes y su compañera de salón terminaran de presentar su trabajo final, Velarde las miró con frialdad y les dijo: ‘ustedes se lo han copiado’. “Casi nos morimos porque algo así representa un problema enorme con la universidad y era definitivamente jalar el curso”, dice Mercedes. “Pero al vernos heladas, pálidas y desconcertadas porque no nos habíamos copiado, nos dijo: ‘es una broma señoritas, nada más, no se preocupen’. El humor de Velarde, hasta el día de hoy, es bastante particular, como lo evidencia en las conferencia de prensa, al dirigirse a los periodistas poco entendidos en economía, con los que pasea mientras intentan sacarle alguna declaración polémica. Nadie que no fuera él mismo podía encontrar nada en su oficina. Esta era un caos llena de libros, separatas, fotocopias, cuadernos y apuntes, apilados en rumas sobre el escritorio, las sillas, los estantes y hasta el piso. Sin embargo, en este espacio, Julio Velarde estaba cómodo. Con su cigarrillo en mano y su taza de café manchando todo, quizás hasta se sentía protegido.

En 2009, como ministra de Economía, Araoz fue la contraparte de Velarde en el manejo de  la economía. No es usual que quien maneja la política monetaria de un país esté siempre parado en la orilla contraria de lo que opina o piensa quien está a cargo de la política fiscal del mismo país. Pero aquel año encontró a Velarde y Mercedes en polos opuestos. Velarde estaba preocupado por el impulso fiscal del gobierno que podría engendrar inflación, mientras que el MEF estaba intentando con sus mejores armas reactivar la economía. Pese a las diferencias conceptuales y de prioridades, el trato siempre fue cordial y el que se conocieran desde tiempo atrás ayudó mucho a evitar malos entendidos. “No había cinismo ni animadversión porque no había agenda que fuera la que estaba sobre la mesa”, cuenta Araoz. Quizás para mantener ese nivel alturado de diálogo, Velarde procuró que las coordinaciones entre el BCR y el MEF se realizaran, principalmente, entre sus altos funcionarios y los viceministros. Pero, en caso de que las tensiones entre los gerentes del banco -Renzo Rossini, Jorge Estrella (gerente de política monetaria) o Adrián Armas (gerente de estudio económicos)- escalaran, se acudía a Velarde o Mercedes para llegar a un punto medio. Sin embargo no siempre pudo establecerse esos códigos para mantener el fondo sobre la forma.

Los años de la crisis

“Cuando hay una crisis, en el último nivel y el más alto, las cosas las resuelven el ministro de Economía y el Presidente del BCR en un cuarto, a solas”, nos cuenta Secada, asesor del ex ministro de Economía, Luis Valdivieso, cuando se produjo la crisis financiera internacional. Los cuadros técnicos del BCR están entre los más preparados y hábiles de todo el país. Muy pocos economistas tienen problema en reconocerlo, pero al mismo tiempo destacan que la postura del BCR por defecto, en cuanto a estrategias y utilización de herramientas financieras, en lo que respecta a reducir el encaje o bajar la tasa de interés de referencia, es bastante conservador. Tanto es así, que cuando se debían tomar medidas de tipo financiero en el Ejecutivo para paliar algunos de los efectos de la crisis del 2008/2009, Valdivieso le encargó a Secada que sustentara su plan frente al directorio del BCR, esperando que este tomara medidas tan audaces como el MEF para evitar que la crisis arrinconara al Perú. Secada, delante del directorio de viejos y experimentados economistas del BCR, encabezado por Velarde, sintió que lo trataban con mucho respeto pero también con algo de condescendencia. Cuando finalizó su exposición le dijeron algo muy parecido a “muchas gracias por venir, estaremos en contacto”. Valdivieso, dice Secada, sabía perfectamente que eso iba a pasar. En 2009, con proyecciones de 7% a principios de año, se cayeron hasta rosar el 0%. No obstante, la labor coordinada entre el MEF del sucesor de Valdivieso,  Luis Carranza, provocaron un rebote que casi alcanza los dos dígitos.

Los funcionarios del BCR están blindados ante las movidas políticas que afectan al MEF. No hay nada en el marco normativo del banco que sujete las decisiones de política monetaria al poder político de ningún poder del Estado y eso, para un académico como Velarde, es bastante cómodo: no es necesario convencer a nadie para tomar una decisión. Desde hace casi una década, pese a que su voto pesa en el directorio tanto como el de cualquier otro director, casi todas, sino son todas, las decisiones las ha tomado Velarde. No obstante, en abril de 2014, con el exministro de Economía Luis Miguel Castilla, hubo momentos tensos porque este señaló que la política cambiaria era ‘predecible’ estancando un mayor uso de la moneda local. Velarde, respaldado por la autonomía del ente emisor, ni se inmutó. Sin embargo, entre 2012 y  2013, Velarde sí tuvo que encargarse de asuntos políticos para poder completar el directorio del BCR, que estuvo por más de dos años con tres miembros menos. Durante meses, Velarde tuvo que reunirse con congresistas y representantes del Ejecutivo para completar el directorio con profesionales de un perfil acorde a la tarea de diseñar políticas monetarias. En general, de los cinco directores, sucede que en muchos casos que tres han sido alumnos de Velarde. Por ese motivo, cuando el presidente Humala quiso imponer en el directorio a dos directores que no cumplían con los requisitos que él exigía, estuvo cerca a presentar su renuncia. Pero, entre quienes no piensan como él o no comparten su apreciación neoclásica de la economía, Velarde es tremendamente respetado.

Político en ciernes

Experiencia política no le falta. En 1983, como militante del PPC, partido al que llegó de la mano del economista Percy Tabori, ingresó al Ejecutivo como asesor del ministro de Industria de ese entonces, Iván Rivera Flores. Acción Popular, el partido de gobierno, le entregaba dos carteras al PPC, que eran en este caso las de Justicia e Industrias. Meses más tarde, cuando la alianza se quebró, ocupó el equipo que diseñó el plan de gobierno entre los años 1984 y 1987, al lado de economistas como Carlos Neuhaus Tudela, Jorge Gonzales Izquierdo y el mismo Tabory. Durante la campaña electoral de 2001, Velarde encabezó el equipo que diseñó el plan económico, estableciendo entre las propuestas de la candidata Lourdes Flores reglas estables en tributación para facilitar la inversión (como eliminar el IGV a la importación de bienes de capital, la reducción de aranceles a los insumos, reducción a 15 % del impuesto a la renta para la reinversión de utilidades y la desaparición paulatina del impuesto de solidaridad), y disciplina en el manejo del gasto. El programa de Velarde buscaba captar 4.000 millones de dólares en inversión extranjera al año, logrando un crecimiento de 6 % y 7 % del PBI e impulsando a sectores como el agro, la construcción, pequeña y micro empresa, para los que se diseñará planes quinquenales y programas de emergencia dentro de los primeros 120 días de gestión. Nada mal para un hombre que opina poco sobre tema de actualidad.

Sin embargo, entre colegas, Velarde es más pragmático que en sus apariciones televisivas, como comenta Christian Laub, presidente de la Bolsa de Valores de Lima, a quien le comentó que en el caso de la Ley del Empleo Juvenil faltó más audacia. “Julio Velarde cree que debemos recuperar el ritmo de crecimiento, implementando reformas estructurales como las de los años noventa. La flexibilización laboral para los jóvenes es un movimiento tímido en la dirección correcta, pero se necesita liderazgo para que salga adelante”, comenta Laub. Velarde, como académico, es probablemente uno de los pocos, sino el único, con más estudios sobre diferentes sectores de la economía, desde Política Monetaria y Finanzas hasta Defensa, Agricultura y Pesquería. “Sería un gran ministro de Economía, incluso un gran primer ministro. Habilidades no le faltan”, declara un colaborador cercano. Quién sabe, quizá, en el fondo Velarde, poco a poco, sin quererlo o no, se está acercando más a Palacio de Gobierno de lo que él cree.

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