Archivos de la categoría ‘Jordi Pérez Colomé’

“Mira cómo corre mi silla”, dice Pablo Echenique en la gran acera del Paseo de la Independencia de Zaragoza. Se inclina para ser más aerodinámico, empuja el mando y sale con reprís entre peatones a 13 kilómetros por hora. Va casi el triple de rápido que una persona a pie. Avanza unos 20 metros, frena, gira y vuelve a apretar a fondo.

Echenique compró su silla Sunrise Quickie Groove hace cuatro años por 8.000 euros. El Gobierno de Aragón le dio entonces una ayuda pública de 3.500 que poco después no hubiera recibido. Las ayudas a la ortopedia estuvieron paralizadas entre 2012 y 2014. Echenique se ha puesto las ruedas traseras macizas para evitar pinchazos. La silla tiene aspecto de tanqueta: compensa la fragilidad de su cuerpecito. Los pies le quedan levantados y le da una postura de trono. La gente que roza al acelerar son posibles votantes. Como maniobra electoral en plena precampaña, tiene sus riesgos.

Pablo Echenique es secretario general de Podemos Aragón desde febrero. Ahora es candidato a la presidencia autonómica. Es la comunidad donde Podemos tiene más opciones de gobernar o sacar grandes resultados junto a Asturias, Madrid y Valencia, “gracias a Echenique”, dice el eurodiputado de Podemos Miguel Urbán. El barómetro del CIS publicado este jueves le otorga un 14,1% de los votos. A 15 puntos del PP y a ocho del PSOE, que bajan pero resisten.

Podemos tiene un sondeo interno que le da resultados mejores: empate técnico con el PP, con alrededor de un 25% de votos cada uno. PSOE y Ciudadanos estarían empatados detrás con el 20%.

Echenique ha venido al Paseo de la Independencia para ver al periodista Jesús Cintora en la Librería General. Cintora acaba de publicar el libro La hora de la verdad y el equipo de Echenique pensaba que lo iba a presentar. Pero era sólo una firma de libros. Echenique pidió el móvil de Cintora a otra líder de Podemos pero no le ha contestado: “Solo mira Telegram una vez al día”, dice Echenique. En Podemos usan Telegram más que WhatsApp: permite escribir desde el escritorio y adjuntar archivos. “Es mejor para el trabajo colaborativo”, dice Marta Cambronero, jefa de prensa de Echenique.

El candidato se pone al final de la cola dentro de la librería y espera su turno como un lector más. Pide a Cambronero que le compre el libro. Ella debe sacar la cartera, coger la tarjeta de Echenique y teclear su PIN, que Echenique dice en voz alta.

A Cintora le han despedido de Cuatro hace poco por presuntas presiones del Gobierno. Los lectores de Cintora simpatizan también con Echenique. Muchos le piden una foto. Echenique es cordial sin doblez: “Con un móvil morado [el color de Podemos] no puedo negarme”, dice. A otro admirador le responde: “Gracias a ti, tío”. Tío es una palabra que usa mucho, tanto en las entrevistas conmigo como con admiradores. A todos les trata de tú.

Por ahora distinto

He estado tres días con Pablo Echenique y en ningún momento ha dado la sensación de fingir su carácter. Por supuesto ofrece respuestas blandas o defensivas a preguntas difíciles sobre la política y sobre su partido, pero no las rehúye. Una periodista de la tele se le acerca para preguntarle por Monedero y casi se excusa: “Ya sé qué me vas a decir pero yo tengo que preguntarte igual”. Echenique la calma: “Los dos haremos lo que debemos hacer”.

En Podemos. La cuadratura del círculo, el grupo Politikon escribe: “Este discurso [donde todos somos el Pueblo frente a la oligarquía] en su fundamento también peca en la idea de que hay que buscar el reemplazo del corrupto por el puro, del cleptócrata por el representante del Pueblo. Esto supone que el que no sea puro no puede ser artífice ni promotor de acciones virtuosas, que el líder es total”. Echenique encaja como nadie en esa pureza.

Si en España hay políticos distintos, Echenique es uno de ellos. A sus 36 años, es un candidato ideal para Podemos: nunca había hecho política, viene del “pueblo”, es un espontáneo. Hace un año y medio era sólo un físico del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) con una preocupación creciente por la crisis. En apenas unos meses fue eurodiputado después de ganar unas primarias nacionales y ahora es candidato a presidir su comunidad.

Su paso de ciudadano indignado a político responsable es fulgurante y complejo. Este perfil analiza esa trayectoria y la forja de un carácter singular mediante tres largas conversaciones con él y con 27 personas con quienes ha compartido algunas etapas de su vida.

Echenique tiene atrofia muscular espinal desde bebé. La enfermedad no afecta a su esperanza de vida pero es degenerativa: poco a poco pierde fuerza y movilidad. Algunos de sus amigos describen cómo hacía cosas que luego le han ido costando más. En una de nuestras entrevistas tenía un vaso de plástico de chupito lleno de café. Podía levantarlo pero no llegó a beber, quizá por precaución. Sí puede usar un tenedor.

No puede por tanto llevar a cabo una de las actividades más habituales de los políticos en campaña: saludar, besar, abrazar, pellizcar niños. Algunos hombres intentan darle la mano pero Echenique solo estira los dedos, sin apenas mover el brazo. La reacción de los admiradores es espontánea: uno le coge el dedo índice, otro le acaricia el dorso de la mano, la espalda o la nuca. Algunas mujeres le besan.

Pregunto a Echenique si le harán daño con tanto arrumaco: “Soy más resistente de lo que parece”. El peligro, cuando ha estado rodeado en algún acto multitudinario, ha sido más que alguien activara el mando de la silla sin querer y el aparato atropellara a otros. Es el flanco que siempre protege la gente de su equipo.

Echenique deja pasar a todos los fans de Cintora y se queda el último. Ha estado casi dos horas en la cola, sin hacer nada más que charlar con admiradores y hacerse fotos. “De momento aún le gustan estas cosas”, dice Marta Cambronero. Echenique es muy expresivo: cambia rápido de cara. En muy poco tiempo puede mostrar interés, pillería o seriedad. Las charlas repetitivas con votantes en la librería parecen interesarle. No se cansa. Pero desde que es más famoso sus colaboradores tienen instrucciones de decirle que hay que irse cuando las fotos y los saludos se alargan.

El candidato se convierte en estos ratos en una mezcla de profeta, animador y confesor: “Que no decaigáis, eso seguro que no”, dice a un votante que viene triste porque acaba de salir un sondeo que da a Podemos el cuarto lugar en unas generales: “Hay que hacer lo mismo diga lo que diga el ABC“. Un seguidor de Podemos ve una mano negra, pero Echenique no entiende de conspiraciones: “No creo que las encuestas estén muy manipuladas. Los números se mueven porque mucha gente piensa el voto”. Al rato, una madre pregunta a su hija: “¿Sabes de qué partido es este señor?”. La niña mira: “¡Del populista!”, dice por decir algo. Echenique da una carcajada.

“Echenique, encantado de conocerte”, dice Cintora cuando le ve. Se preguntan cómo va y Cintora le cuenta algo entre susurros. Acaban enseguida y Cintora dice algo sobre “los políticos”. Echenique salta: “A mí no me llames político. Te lo digo sinceramente: ‘No lo soy’”. Poco antes se lo había sugerido a una señora: “Si viene otro a acabar con la crisis, me vuelvo a hacer Física. No te creas que me apetece estar ahí batallando”.

El candidato viene de una tradición distinta de la de muchos de sus compañeros de partido: la ciencia es práctica, no ideología. Si algo funciona, se usa. Si no funciona, se descarta. Una buena prueba de la diferencia entre otros miembros de Podemos y Echenique es esta pregunta que hizo a Adrián Pacín, su asistente: “Pablo pregunta todo lo que no sabe, sin reparos. Un día me preguntó qué era el maoísmo”.

La naturalidad de Echenique le ha metido en algún lío: “Cuando ya era eurodiputado, fui a Cataluña y me preguntaron por la consulta. Dije que si una ley estaba mal había que desobedecerla. Gandhi lo había hecho. Si no dejaban a los catalanes sacar las urnas a la calle, pensaba que debían sacarlas igual”. La reacción fue inmediata: “Volviendo en el AVE ya estaba en El País. El titular era: Podemos defiende la desobediencia civil. Al momento tenía a Errejón al teléfono. Me caí del guindo: ya no podía opinar igual”.

Esta sinceridad le ha complicado la vida en otras ocasiones. En marzo, en el congreso de periodismo digital de Huesca, Echenique se descolgó con una opinión peregrina sobre puntuar a los medios según su modo de contar la información: “Íbamos hablando en el coche. Se me ocurrió a mí la idea. Probablemente no debería haberlo dicho. Abrí un debate interesante y lo hice un poco a conciencia”.

El principio de todo

Estos deslices frescos para el previsible debate español son normales en una persona que hasta el 27 de enero de 2014 no tenía ni idea de hacer política. Aquel día los dirigentes de Podemos Pablo Iglesias y Miguel Urbán fueron a Zaragoza. Era el primer acto fuera de Madrid después de la presentación de Podemos en el Teatro del Barrio. Iglesias habló 30 minutos en la plaza de San Agustín. Fue un exterior porque no cabían en el espacio previsto, el Centro de Historias.

Cuando acabaron las intervenciones, hubo preguntas. Urbán recuerda que la primera fue de un chico en silla de ruedas, Pablo Echenique. Otro asistente le sostenía el micro: “Me habéis emocionado, convencido”, dijo según Urbán.

Echenique recuerda su intervención en un tono más coloquial y dirigido a Iglesias: “A ver, tío, el proyecto que planteáis me encaja y ahora nos pides que nos organicemos. Eso me suena a cuando en la radio nos dicen en vacaciones que salgamos de manera escalonada. Coño, es inteligente, pero yo a qué hora salgo. Dame alguna pista”. Iglesias le dijo que era como follar y que todo lo que le explicara no serviría, que sólo se aprendía haciéndolo. Ahora con la fama “usa menos esa comparación”, dice Echenique. Urbán fue más práctico: en unos días colgarían en la web cómo organizar los círculos, que son las organizaciones que forman la base popular de Podemos.

A Echenique le convenció la respuesta. Urbán e Iglesias volvían esa noche a Madrid. Cuando se subían al AVE, Urbán recibió un mensaje directo de twitter. “Se lo envié a Urbán porque pensé que estaría menos ocupado”, explica Echenique. En el mensaje Echenique decía que sabía de ciencia y de discapacidad y les pedía que le usaran.

“La audacia me pone”

El ascenso de Echenique ha sido tan rápido que no ha tenido tiempo de valorar cada paso. Sopesó sobre todo el primero. Aquel mensaje de twitter del 27 de enero fue la única gran decisión y estaba tomada: “Ya había decidido que me gustaba. La única decisión que en algún momento tomé fue la de empezar a trabajar: usar mi tiempo de ocio en ayudar. De repente veo una herramienta que creo que puede funcionar. Me parece audaz, que es algo que me pone, muy práctica y políticamente encaja con lo que yo pienso. No sé si va a salir bien pero adelante”. Él y su mujer, Mariale Nelo, se tragaron varias ediciones de La Tuerka y Fort Apache, los programas de Iglesias. Querían conocerlo mejor.

Había que empezar a formar el círculo de Zaragoza. Echenique fue enseguida uno de sus miembros más destacados. Cree que los círculos son una herramienta necesaria pero con defectos: “En los círculos a veces falta pragmatismo. Puedo llegar a enfadarme porque están haciendo perder el tiempo a todo el mundo”. Este pragmatismo sirve a Echenique para demostrar una de sus grandes cualidades: la capacidad de comprender y sintetizar.

Román Sierra es uno de los primeros miembros del círculo de Zaragoza y hoy número cinco en la lista de Podemos por la ciudad. Echenique, dice Sierra, destacaba por aunar puntos de vista opuestos al final de los encuentros. El mismo Echenique también lo ve así: “Esa capacidad de entender la mirada del otro es útil para resumir y avanzar cuando hay 25 personas en una reunión. Capto todo lo que se ha dicho, sintetizo, votamos y avanzamos”.

La capacidad intelectual de Echenique es uno de los elementos que le ha hecho destacar. Hay otro más básico: la silla de ruedas. El periodista Raúl Gay -también discapacitado- fue jefe de prensa de Echenique hasta hace unas semanas. Ahora es el noveno en la lista de Podemos por Zaragoza. “La silla da puntos”, dice Gay. “La sociedad piensa que un tipo por ir en silla de ruedas es buena persona”.

“Es verdad”, dice Echenique cuando le pregunto su opinión.

En la sede central de Podemos debieron de tener la misma impresión. El 9 de febrero, días después de la presentación en Zaragoza, presentaban su segunda fase en el Cine Palafox: cómo seguir avanzando tras la creación de los círculos. Sólo acudió una persona de fuera de Madrid: Pablo Echenique. Miguel Bermejo, del área de organización territorial, le llamó días antes para que fuera al Palafox. La única relación que había tenido Echenique con la organización era la pregunta a Iglesias y el mensaje privado a Miguel Urbán donde se ofrecía a ayudar. Pero ya le invitaban a hablar junto a la plana mayor.

El partido improvisó tanto que Echenique tuvo que hablar desde la platea porque era un escenario sin adaptar. Al presentarle, el secretario de participación, Luis Alegre, echó las culpas a “la cuestión de las barreras arquitectónicas”. David Zueco, compañero de estudios de Física en Zaragoza, recuerda las risas que se echó con otros amigos de Pablo al ver la falta de previsión de Podemos. “Está claro que una silla de ruedas quedaba bien”, dice Echenique.

Un ‘heavy’ sobre ruedas

Echenique convive con las barreras desde la infancia. Pero no ha permitido que se interpongan en su vida. Quizá su mayor mérito es que nunca hace notar a los demás que va en silla. Varios de sus amigos coinciden en destacar esta virtud: era uno más, hacía lo mismo que el resto.

“En nuestras conversaciones terminábamos hablando de ciencia, de política y del tamaño de los escotes”, dice Horacio López, un amigo y doctor en Ingeniería Mecánica que trabaja hoy en París. También, claro, fumar y emborracharse: “A veces me sorprendía cómo podía caber tanto alcohol en un cuerpo tan pequeño”, dice desde Londres el ingeniero biomédico Michele Orini, que vivió en Zaragoza entre 2006 y 2012. “Y el domingo por la mañana nos levantábamos y él ya había hecho un montón de cosas”.

No era normal en todo: era raro para comer. Ni siquiera le gustaban los tomates. En una cena en un restaurante indio con unos amigos, se llevó de casa una bolsa de patatas; fue todo lo que comió. Ahora no tiene reparos con los alimentos. El motivo del cambio pudo ser que un buen amigo suyo empezó a estudiar hostelería. Iba a buenos restaurantes y no podía hacer el pamplinas como en el restaurante indio.

María Delgado conoció a Echenique cuando él tenía 18 años y ella tenía 15. Las juergas del fin de semana en aquella época eran en la zona de El Rollo. Echenique era heavy. Iban a una sala que se llamaba Devizio y que cerró en 2014. Delgado recuerda que iban también a otra donde había unos 20 escalones: El Espejo, en Puente de los Gitanos. Pablo esperaba fuera mientras los demás se divertían dentro. “Siempre salía uno para que no estuviera solo, íbamos un montón”, dice Delgado. “Eran cosas de adolescentes. Con el tiempo dejamos de ir a sitios donde Pablo no podía entrar”. Delgado no recuerda que Pablo se quejara.

Las salidas con los amigos eran indispensables para Echenique: “Era increíble cómo se forzaba a salir”, dice otro amigo, el informático Pablo Jimeno. Uno de sus lugares habituales era la sala El Zorro, en el centro comercial El Caracol. Uno de los camareros recuerda a Pablo girando la silla en la pista de baile. Según Horacio López, usaban la silla de guardarropa. Ayudado por sus amigos, solía beber vinos y cubatas.

Echenique tiene una explicación para justificar su actividad: “Las personas con discapacidad lo tienen más difícil para confiar en sí mismas. Eso pasa también por intentar llevar una vida lo más independiente posible. Esta parte de nuestra personalidad de salir con los amigos, de volver a las tantas, te acaba normalizando. No hay ningún obstáculo insalvable”.

Tampoco, por supuesto, las chicas.

Echenique era un adolescente tímido con las chicas, dice, pero pronto se le pasó. Su éxito femenino era célebre: “En realidad íbamos con Pablo porque siempre tenía las amigas más guapas”, bromea Michele Orini. Así veía María Delgado el encanto de Pablo: “Siempre ha sido muy caballero, atento, nunca pesado. Entiende el lado femenino de las chicas. Es un tío sensible, no es un maromo. Te escucha y te cuenta”.

Mariale, su mujer, coincide en la explicación: “A las mujeres nos gusta que nos escuchen. Pablo lo hace. Sabe dar consejos. Es muy seguro y alegre. Se apunta a todo”. David Zueco, colega de la universidad de Echenique, recuerda que un día vio cómo una chica parecía interesarse por Pablo. Se lo dijo enseguida pero Echenique no se sorprendió: “Es verdad que a esa chica le intereso, pero es que hay otra que también”. Zueco, poco célebre entre sus amigos por sus conquistas, no podía creérselo: “Fui allí con mi percepción y el tío me dice que no tiene a una, ¡sino a dos!”. Echenique quita valor a esta aura: “Antes de mi mujer , sólo he estado con una chica un año y medio y algún rollo”.

Mariale ve de un modo distinto la presunta falta de seducción de Pablo: “A primera vista me di cuenta de que Echenique es una persona muy bonita, muy completa, que sabe ser feliz sin complejos tontos”. Los complejos son los reparos por la enfermedad de Pablo: “Si a otras les gustaba Eche, ¿por qué no daban un paso valiente y probaban? Y si no, que lo dejaran. Tanta bobería”.

Mariale fue más valiente y ahora, dice, es muy feliz. Su nick de twitter es @Mrs_Pnique y su bio es “Bioanalista, Científica y Activista. ¡@pnique es mío!”. @Pnique es Pablo Echenique. En la foto del perfil salen discretamente desnudos de cintura para arriba y con un lema: “Si no existieras, te juro que trataría de inventarte”.

Mariale es venezolana. Vino a Zaragoza a hacer su tesis, que aún no ha terminado -por culpa de Podemos: ayuda a Echenique con las redes. Al principio se iban viendo en la universidad y por Zaragoza. “Me lo encontraba por todas partes”, dice Mariale. Al final, ella dio el paso de agregar a Pablo en Facebook. Hablaban hasta que Echenique decidió llevarla a cenar y a un concierto benéfico.

Mariale no ve en Venezuela un modelo de nada: “La Venezuela en la que yo viví ya era insegura. Los venezolanos nos acostumbramos a vivir con ello, al miedo. Sin embargo no había la escasez que hay ahora. La gente en Venezuela ha perdido la ilusión”. Cree que Venezuela no necesita más políticos que “como pasa en España, cambian de colores y de nombre pretendiendo ser algo nuevo cuando todos sabemos que son más de lo mismo”. En Venezuela, dice, podría funcionar un movimiento parecido a Podemos: “Venezuela necesita un Podemos, un Podemos no de chavistas ni de opositores. Un podemos de gente decente, un Podemos de gente con gente preparada y sencilla como en España”.

Echenique entrenó durante unos años al Atlético Chirikov, un grupo de amigos que eligió el nombre en homenaje a un físico ruso para un campeonato universitario de fútbol sala. “Dejé de entrenarles porque eran muy malos”, dice.

El comentario no caerá bien entre sus amigos. Pablo Jimeno, que jugaba en el Chirikov, recuerda sobre todo un lance: “Si un día hacen la película sobre Pablo, esta escena será en cámara lenta”. Fue un pelotazo de un rival en la cara: la cabeza se le fue hacia atrás, las gafas volaron y Echenique quedó aturdido. “El tipo que había chutado se quería morir”, recuerda.

Humor macarra

Junto a la normalidad con la que trata la silla y a su capacidad intelectual, hay un tercer rasgo clave en Echenique: el humor. Su humor no es fino, irónico. Es gamberro y macarra. Un ejemplo es su foto en la orla como licenciado en Física por la Universidad de Zaragoza. Echenique se dejó barba, se afeitó la mitad y se rapó la parte opuesta del pelo. “Esto de las orlas me parece una gilipollez”, sentencia.

La irreverencia quedará sin embargo en el pasado: ha preferido no ceder aquella imagen para este reportaje. Antes de la orla, había tenido otras etapas: “Llevaba coleta, pero no me quedaba bien”. También llevó el pelo teñido de rubio.

La orla tenía otra grosería fina: Echenique no aparecía con su nombre real, sino que se puso de segundo apellido su apodo predominante: Pablo Echenique Sudakilla. Otro periódico publicó Sudaquita, pero Zueco y el mismo Echenique confirman que la versión buena es Sudakilla.

Echenique tenía otros motes. El cabezón, por razones evidentes: “Es todo cabeza”, dice Michele Orini que decía otro amigo- y Nelson. La leyenda sobre Nelson es doble: “Creo que me lo pusieron porque soy poco diplomático, en recuerdo al almirante Nelson”. María Delgado cree en cambio que fue porque pasó de tener un grupo de amigos del Colegio Alemán a otro más argentino: “Nelson es un nombre popular allí”.

“Poner motes es cruel: si es bueno, no te lo quita ni Dios”, dice Echenique. Ahora su equipo en política opta por llamarle con el suave Eche. Debe de ser bueno porque Mariale ha pasado de Pablo a Eche. Él la llama “amor”.

Se casaron en secreto en 2013: no querían un bodorrio y al final fue una celebración en Puerta de Hierro (Tenerife) de los novios con dos amigos que hacían de testigos. Cuando pregunté a Mariale por el año de la boda, dudó. Se lo pidió a Pablo. Tampoco lo sabía. Tuvieron que mirar el acta. “Tenemos muchas cosas”, dijo Echenique. No se han olvidado por falta de romanticismo: Echenique es detallista con regalos y escribe poemas a su mujer, que quiere mantener en privado. Ha escrito de todo: verso libre, romance, soneto. Pero no quiere publicarlos.

Otra broma insolente habitual tiene que ver con los niños y la cuenta su amigo Pablo Jimeno: “El falso respeto que inspira Pablo en la gente, el tabú, da mucho juego. Siempre nos hemos reído de los padres de los niños que flipaban con su silla. Hacían toda clase de preguntas, como si fuera un cyborg o un extraterrestre: ‘Mamá, ¿qué le pasa a ese señor?’ y la madre avergonzada: ‘Ven aquí’. Y Pablo al niño: ‘Eh, mira qué puedo hacer’. Demostraba poderes mecánicos y pitaba con la bocina de la silla”.

El humor ha sido una defensa contra un mundo que le ha mirado a menudo con condescendencia. “Un camarero podía mirarle como si fuera tontito, un nene, y era doctor en Física”, dice Horacio López.

Una ilusión de Echenique es que le imite el cómico Joaquín Reyes. Siente cierta envidia porque Reyes ya ha parodiado a Pablo Iglesias: “Estoy por llamarle y decirle que no pasa nada, que puede decir: ‘Hola, soy Echenique y voy en silla para que me votéis más’”.

En su primer blog, Mundo cascao, donde contaba con un lenguaje provocador los retos de una persona con discapacidad, escribía esto en 2012 (donde pone “gordos” podría poner “discapacitados”):

Si eres gordo y te molestan los chistes de gordos, 1) lo vas a pasar mal en la vida, 2) los van a contar igual cuando te gires y vas a ver por el rabillo del ojo cómo se parten el culo disimulando, y 3) te vas a perder algún chiste de puta madre. Si encima vas y te empeñas en que la gente no llame “gordos” a los gordos sino “personas de volumen curiosón” o “delgados en desarrollo”, entonces ya ni te cuento.

En otro post de ese blog Echenique usa un taco difícil de oír: “Por mis minusválidos cojones”. Mundo cascao fue el germen de su blog De retrones y hombres en eldiario.es, que escribía junto a Raúl Gay (Echenique borró Mundo cascao para reciclar algunos temas en su nuevo blog).

En el correo electrónico que Gay y Echenique mandaron a Ignacio Escolar, director de eldiario.es, para proponerle el blog había dos ejemplos de Mundo cascao.

El periodista les contestó que aceptaba y añadía tres normas de estilo. Ésta era la primera, según el correo original que me ha hecho llegar Escolar: “No abuséis de los tacos. O, mejor aún, no los uséis. Es verdad que hay ocasiones en que un buen exabrupto viene bien por estilo, pero en alguno de los posts que me habéis pasado los hay por demás y resta credibilidad al testimonio”.

El estilo de Echenique seguía siendo ágil y atrevido pero más pacato. Desde que decidió entrar en política, abandonó el blog. Los tacos se mantienen en las conversaciones privadas.

Una niñez argentina

Pablo Echenique nació en 1978 en Rosario, Argentina. Irma Robba, su madre, era abogada. Pero desde el nacimiento de Pablo ha dedicado su vida a cuidar de él. No se ha convertido sin embargo en una madre discreta y apartada.

Al contrario que su hijo, conserva su acento porteño y tiene muchas cosas por decir. Robba tuvo otra hija, menor que Pablo. Luego se separó de su marido.

El padre y el tío de Pablo vivían en Zaragoza. Cuando tenía 13 años, la madre y los dos niños emigraron. Echenique conocía ya Zaragoza porque había pasado varios veranos con su padre.

Su madre tomó la decisión de salir de Argentina por la crisis del país, no por necesidades de su hijo. Pero en España la vida de Pablo iba a ser más fácil. Robba recuerda que el colegio en Rosario no estaba adaptado. Dos veces a la semana tenían clase de música en el primer piso. Robba debía ir a subir a su hijo y una hora después a bajarle. El pequeño Pablo llevaba entonces una silla sin motor y no la podía mover solo. Tenía más movilidad y fuerza en los músculos, pero nunca fue capaz de impulsar las ruedas de la silla.

Al llegar a Zaragoza, Echenique se matriculó en el colegio adaptado Miraflores y luego en el recién inaugurado Instituto Medina Albaida. Allí había incluso un celador, José Ángel Ayuda.

Pilar Morales, Pilar Lacruz y Elda Romero, profesoras de Pablo de ciencias sociales, música e inglés, evocan de manera similar al ex alumno.

Lacruz tiene sobre todo dos recuerdos. El primero como estudiante: “Yo contaba en clase por ejemplo una época musical. Luego, cuando leía el examen de Pablo, me preguntaba por qué no habría usado esas palabras para explicarlo. Tenía una capacidad increíble de asimilar”. El segundo como compañero: “Yo como tutora les vigilaba en la hora de estudio que tenían en lugar de clase de religión. Pablo solía decir a sus compañeros: ‘Yo te cuento lo que sea, pero no te dejaré copiarme los deberes’. Tenía algo de líder”.

Fue el mejor de su promoción en el Medina Albaida. Para su madre no fue una sorpresa. En Argentina Pablo se aburría en clase. Sus profesores le ofrecieron saltarse los cursos de Primaria. Hizo la prueba de superdotado: “No sé cuánto le salió. Bastante, creo. 140 quizá”. Robba preguntó a su hijo qué prefería: optó por seguir con sus amigos. Una vez en Zaragoza, Robba tampoco quiso llevar a Pablo a un colegio especial: “Si ya era especial, ¿para qué agregarle otra especialidad más?”.

Irma Robba no se arrepiente ni ha perdido naturalidad por estar más pendiente de sus hijos. No para de decir tacos peculiares: “Recontrajodido”, por ejemplo. Tampoco fue una madre más dedicada de lo que debía. “Nunca le sobreprotegí”, dice. Aún no se ha acostumbrado a la fama de su hijo: “Me da pudor cuando le veo en la tele”.

Echenique no tuvo problemas para sacar buenas notas sin estudiar demasiado. “Tiene una capacidad de concentración increíble”, dice su amiga María Delgado. Pero tampoco era el mejor. No quedó el primero en la olimpiada científica de Aragón cuando acabó el instituto y había algún otro estudiante de Física de su quinta mejor que Pablo. A pesar de no ser el más brillante, la guasa de sus amigos al compararle con el físico Stephen Hawking ha sido constante.

“No sé si soy brillante”, dice Echenique. “Creo que soy un buen científico”. Esta falta de concentración en la ciencia, al contrario que algunos de sus compañeros, tiene una lógica: “¿Qué asignatura me gustaba más? Todas. Si tuviera tiempo infinito, las estudiaría todas”. Eligió Física porque tenía una aptitud más marcada: “Se me daba un poco mejor pero no mejor que las demás sino mejor que a los demás. Sobre todo la parte técnica. Si hago esto mejor que la media, es lo que debo hacer”. Es una prueba más de su pragmatismo.

En su despacho de científico, tenía un póster con algoritmos para evitar pérdidas de tiempo: “Si llega un email que requiere menos de 5 minutos, contestarlo en seguida” y así. Se ha llevado algo de eso a la política. Su asistente, Adrián Pacín, tiene instrucciones de no poner reuniones a media mañana: deben ser hacia las nueve o hacia la una. Así puede trabajar sin interrupciones el resto de la mañana.

Su vida de físico fue sencilla: carrera, doctorado, CSIC. Una típica pregunta de periodista era: “¿Le habrá sido difícil llegar hasta aquí?”. Quizá sería cierto si hubiera escogido otra profesión, pero no le fue difícil ser físico.

Su amigo Horacio López empezó a llamarle “un canto a la vida” para reírse de cómo le veía la sociedad. Desde los 18 años estudió y trabajó principalmente en la Facultad de Física de la Universidad de Zaragoza. Allí hay aún seis escalones para ir a algunas aulas. El montacargas de la barandilla nunca ha funcionado y los amigos tenían que ayudarle a bajar por la rampa empinada: “Si hacías como que le soltabas, no le hacía ninguna gracia”, dice Zueco. Es quizá la única broma que Echenique llevaba mal.

La Facultad de Física de Zaragoza no se parece en nada al caos y al bullicio de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, donde nació el núcleo promotor de Podemos. En Física los carteles que hay en las paredes hablan por ejemplo de “Materiales para aplicaciones de energía y el procesado láser” y las charlas que se anuncian son de “Rarezas de los hexaboruros”. No son el camino de la revolución.

Pero las intuiciones de Echenique han estado siempre en la izquierda: “En el eje de 0 a 10 entre izquierda y derecha, me pondría entre el dos y el tres”. Es donde los votantes de Podemos se sitúan, según estos gráficos de Politikon. Pero como a su partido, el eje izquierda-derecha le parece pobre: “En Estados Unidos tienen al menos dos: el económico y el moral”. Echenique no olvida en sus descripciones que fue científico: “La proyección debería hacerse en un espacio multidimensional”.

El clic escondido de la política

Ni Echenique ni su madre ni ningún amigo tienen una teoría sólida sobre su salto a la política. Nadie, por tanto, podía imaginar hace un tiempo a Echenique en este lío. Pero en los últimos 10 años pueden distinguirse un punto de origen clave y varios indicios. El gran clic es la irrupción de internet: “No tenía acceso a buena información y me conformaba con la lógica imperante”, dice Echenique.

En 2003 estuvo a favor de la guerra de Irak y el sistema económico le parecía bien. Unos años después fue a un par de reuniones del recién creado Ciudadanos e incluso se afilió y les votó una vez según cuenta en un post de 2013. Internet y la tecnología de lectura -pasar páginas no le era fácil- supusieron el germen del cambio, con una condición: “Si no eres tonto de remate, aprendes a cribar la información porque en internet hay de todo”.

Echenique entra en el vehículo que usa, al que apodan el ‘Funga’. Echenique entra en el vehículo que usa, al que apodan el ‘Funga’.
Los indicios son también de esa época. Poco antes de cumplir los 30, viajó con su padre a Nueva York. La odisea de tener que meter su silla en la bodega del avión le hizo pasar un viaje incómodo. Al volver, pidió a su amiga María Delgado, recién licenciada en Derecho, que mirara la legislación para preparar un posible caso contra las compañías aéreas. Quería obligar a sus responsables a permitir la entrada de sillas de ruedas en la cabina. Delgado no sabía por dónde empezar. “¿Cómo una chica como yo podía enfrentarse a las grandes compañías aéreas en tribunales europeos?”, dice. Pero Echenique veía justicia en su causa e insistió. Nunca pasaron a la acción. La batalla de Echenique para poder entrar con silla en el avión sigue ahora que está en política.

El año 2012 fue clave. Impulsó con un grupo de amigos la web Consumetica, que pretendía ser una Wikipedia del consumo ético, con el lema “Intentando cambiar el mundo con nuestras opciones de consumo”. Pretendía ser un lugar donde los consumidores compartieran los negocios geolocalizados de productos éticos. No cuajó.

También en 2012 Echenique creó su blog. La discapacidad fue una vía de entrada de Echenique al discurso público. Llevaba también años vinculado a Fundame, la fundación dedicada a su enfermedad. Fue una época de viajes con Mariale: la lista de salidas al extranjero es Cancún, Londres, Marsella, Mérida (México), París y Viena. En septiembre de 2013, meses antes de colaborar con Podemos, organizó con un grupo de amigos unas jornadas TED en Zaragoza sobre Sabotajes (el título original era Sabotajes contra una economía inconsciente). La soledad del despacho de físico teórico empezaba a quedar atrás.

En la evolución de Echenique queda sobre todo una pregunta: ¿por qué ha pasado de activista consciente a la primera línea de la política? La ciencia le sigue encantando y espera volver cuando deje la política aunque ponerse al día en un campo que avanza rápido no le será fácil. Según dice, el momento no requiere más científicos: “Me encanta ser físico. Pero a ciertos niveles de abstracción es algo egoísta, sólo para ti”.

Las preguntas que se hacía Echenique como físico no tendrán respuesta en su vida: “A mí la ciencia que más me apasiona es la ciencia más fundamental, la que opera no en un periodo de un año sino en periodos de 100 o 200 años. Está más cerca de la Filosofía: puedes descubrir algo de gran impacto en el futuro o no descubrir nada”.

La crisis que vive España merecía una acción más cerca de la realidad. Echenique cree que la responsabilidad de un ciudadano no estaba en su despacho a pesar de que diga que no quería dar ese salto: “No lo he hecho porque sea bueno para mí. Lo he hecho por responsabilidad”.

Mariale habla incluso de algo “doloroso”: “Los primeros días tras las elecciones europeas fueron terribles, con periodistas que se colaban por casa y el teléfono de Pablo sin parar de sonar”.

Nadie me ha dicho que Pablo Echenique se haya metido en política para saciar su ego o su ansia de poder. Echenique pierde tranquilidad y dinero en política. Puede pensarse que un día recuperará el dinero perdido gracias a la fama lograda o a otras malas artes. De momento, su familia ya ha pagado un precio: “Mariale y él salen menos a comer, al teatro, no sé si será para evitar problemas”, dice Irma, la madre. Hace unos meses apareció una pintada al lado de su portal: “Podemos es ETA”.

La crudeza de la política podría cambiar el carácter de Echenique. La mayoría de sus amigos cree que no, pero Echenique dice que no puede saberlo: “Espero que eso no pase. Intentaré que no pase, pero hay cosas que no puedes controlar demasiado. A nivel personal, esto en que nos hemos metido no es bueno. Trabajas todo el día, con los amigos no puedes quedar”.

Hay cambios que son inevitables: “¿Tienes que cuidarte al hablar en público o en la prensa? Claro. Pero un ciudadano anónimo no puede hablar y que le oigan millones de personas. Quejarse de eso me parece mal. En mi vida privada intento no perder la naturalidad y el sentido del humor, sólo miro que nadie me grabe”. Es demasiado temprano para sacar conclusiones.

El programa de Podemos para las elecciones autonómicas es una lista de deseos. Echenique reconoce que nunca han tenido que enfrentarse a decisiones difíciles: “Todavía no ha habido que gobernar. En la oposición se está muy cómodo”, dice. Sabe que el resultado -si llega ese día- serán malas caras: “Va a haber contradicciones para parar un tren. Pero como dice Román [Sierra], benditas dificultades. Antes no las teníamos”.

Los discursos son difíciles

Podemos Aragón montaba dos actos cada semana fuera de Zaragoza durante la precampaña. Echenique va casi siempre. El 28 de abril estuvo en Fraga (Huesca). Era un acto en una plaza de cemento lejos del centro. Había un cartel, un tenderete, un atril y sillas de plástico. Se acercaron unas 200 personas. “En un pueblo así a la gente no le gusta que la asocien con nosotros”, dice Alfonso Clavería, número cuatro en la lista de Podemos por Huesca y residente en la localidad.

Echenique llegó con su equipo media hora antes del acto. Viajaron en un Nissan Praerie que le regaló la madre de un amigo. El coche estaba adaptado y el propietario original había sido Eduardo Fungairiño, ex fiscal jefe de la Audiencia Nacional. Desde entonces aquel Nissan color burdeos es el Funga, el coche con el que le han llevado sus amigos o su mujer. Echenique baja con una rampa por la parte de atrás. El asiento trasero tiene un hueco en el centro para una silla de ruedas: la Sunrise Groove Quickie de Pablo cabe por unos milímetros.

Hace viento en Fraga y Echenique lleva un forro polar Trangoworld, una marca con sede en Zaragoza. Echenique dice que no sabía de dónde son. El candidato combate el frío solo con una capa de ropa. Nunca va abrigado: “Para los discapacitados la ropa es un drama”, dice.

Echenique no puede llegar a un lugar con calefacción y quitarse la chaqueta como si nada. Si un desconocido debiera ayudarle a quitársela, el proceso sería dramático. En su línea de no dar la nota por la silla, Echenique prefiere ir sin abrigo. Su constitución débil soporta también mal el peso de una chaqueta gruesa.

El acto de Fraga dura casi dos horas y es un tostón. Hay tres discursos: la número uno por Huesca, Marta de Santos, Clavería y Echenique. El líder de Podemos Aragón habla más de 30 minutos y el público empieza a desconectar a la mitad. Echenique mira a menudo algo que tiene escrito en la pantalla de su tableta, que Mariale le ha colocado en una bandeja en la silla, con su teclado y un ratón. El discurso es sobre medidas, soso y sin gracia, como el de un político más.

Entre el público está el equipo local de Ciudadanos. El número uno por Huesca, Jesús Sansó, admira a Echenique: “Es el puto amo”, dice. La número uno por Zaragoza, Susana Gaspar, destaca también su inteligencia. La admiración entre los partidos es mutua: Echenique cree que Albert Rivera es un gran orador. “Pero Rivera no se presenta en Aragón”, digo a Echenique. “Rivera se presenta en toda España”, responde. ¿Y Pablo Iglesias? “También”, dice.
Echenique sabe que debe mejorar sus discursos de campaña: “Los escribo yo, soy muy maniático”. No es nuevo. Sus colegas académicos recuerdan su pesadez con las correcciones: “Siempre quería hacer la última revisión de un texto en inglés”, dice Alberto Castro, que ha escrito media docena de artículos científicos con Echenique (“Hablo mejor inglés que Pablo Iglesias”, me dijo). En política hay que encontrar un equilibrio difícil entre la naturalidad y la seriedad. En los mítines de momento no lo ha conseguido. “Soy mejor en debates”, asegura.
Una primera decepción

Echenique no se enfadaba. “Siempre tenía la sonrisa en la cara”, dice su profesora en el instituto Pilar Morales. “Es la persona que más me alegro de haber conocido”, dice un secretario de la Facultad de Física de Zaragoza. “Nunca he visto que se enojara con Mariale, su mujer”, dice su madre, Irma.

Echenique ha cultivado calma y elogios durante su vida.

En una reunión privada con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, algunas mujeres contaron a Echenique historias duras de sus tratos con los bancos. Una de ellas quiso frenar el relato de tantas penas pero Echenique se lo impidió: “Me viene bien porque me estoy enfadando que te cagas”, dijo.

Cuando pregunté a su jefa de prensa y a su asistente si le habían visto enfadado, ambos miraron con cara de “por supuesto”. Es otro tipo de vida. Echenique ha dependido siempre de otros para su vida cotidiana. Ahora depende también de otros para su vida profesional.

Echenique tiene una teoría curiosa sobre las decepciones en la vida y la aplica bien a la política: “Podemos no existe, existe gente. He ido aprendiendo y no he tenido tiempo para decepcionarme del partido. La decepción suele ser culpa tuya porque esperas algo que no deberías. Si me equivoco en mi apreciación, es un error de cálculo mío”. Sirve para todos los niveles: “La primera impresión es buena. Pero si luego me hacen una perrería, he metido la pata”.

Durante la gestación de Podemos, Echenique presentó con Teresa Rodríguez una propuesta organizativa distinta, más centrada en las bases y menos en la ejecutiva: “Venía de los círculos y entendía que la altura moral de la participación era fundamental. Era el item 1”. Pero los meses -y quizá la política- le han hecho cambiar: “Ahora veo que el item 1 es el rescate ciudadano”, que es el primer punto del programa de Podemos. Para rescatar hay que ganar y para ganar hay que estar bien organizados. No es el momento de disensiones. Así resume su papel hoy en Podemos: “Intento hacer de puente. Entiendo las decisiones de la ejecutiva estatal. Entiendo también que gente en los círculos no las entienda”.

Antes de hacer de puente, Pablo Iglesias impulsó una lista alternativa en Aragón. Echenique lo ve ahora obvio: “Habían apoyado a otro grupo y era lógico que siguieran con ellos”. Perdieron las primarias de calle. Hoy la líder de la propuesta alternativa, Violeta Barba, es la número dos en las listas. Echenique es leal pero debe entender los motivos de cada decisión: “La disciplina no va con él”, dice Pablo García Risueño, un investigador en Berlín a quien Echenique dirigió la tesis.

Ahora la prioridad son las elecciones. Si las gana, los tres primeros objetivos serán: “Auditar el Gobierno de Aragón, paralizar desahucios y evitar que se le corte la luz y el agua a quien no puede pagar y alguna medida relacionada con el cambio de modelo productivo. Por ejemplo rehabilitar viviendas para la eficiencia energética”.

“Ha conseguido todo lo que se ha propuesto”, dice Irma Robba, su madre. “Nunca le he visto tener miedo”, dice Román Sierra, colega de Podemos. “Estaba convencido de que iba a salir como eurodiputado”, dice Mariale, su mujer. Está seguro, tiene un currículum brillante y capacidad de sobra. Pero la política no es ciencia y es despiadada. Queda por ver si el espontáneo Echenique la sabe dominar.

Anuncios